Villanueva del Río y Minas

Últimamente no suelo escribir mucho, y la verdad es que ya no me gusta escribir discursitos, y menos si son ñoños. Soy consciente de que tengo ya cierta edad y cierto cansancio de las cosas y ya no me apetece dedicarme a escribir uno de esos posts en los que uno hace balance de todo lo que ha encontrado y ha perdido en el año anterior. No tiene mucho sentido y, además, son muchas cosas. Al fin y al cabo, lo bueno permanece (“nada se pierde en el mundo”) y lo malo languidece en la cuneta del olvido, aunque no hay mal que por bien no venga. Pensándolo bien, quizá debería hacer propósito de enmienda (que no de año nuevo) y retomar ese hábito perdido (o abandonado) de ir dejando aquí el día a día en pinceladas, para al final del año no tener que contar nada más que las historias que ya os contamos.

Feliz 2013 a todos. Que en los días que siguen, y siempre, sigamos encontrando muchas cosas buenas (y malas que por bien vengan) y que, como dice Gregorio, podamos compartirlas con mucha gente con la que merezca la pena vivir.

Feliz 2013

Es un atardecer de julio y en La Alameda los camareros corren sobre la solería ocre, de una mesa a otra, y por La Barqueta se oyen ya los últimos gritos de chiquillos en las atracciones y la Ciudad entera bulle de gentío, como fogueada por la canícula del día, bajo una luz carmesí.

El sol que se oculta allá a lo lejos, detrás de los pabellones y las fuentes y los jardines, más allá de las lomas del Aljarafe, es ahora el misterio de cada ocaso de verano y la música que acompaña una nueva despedida y cierra el telón de la nostalgia de otros días en las avenidas de La Cartuja, en esta isla siempre mágica.

Una maleta vacía espera al regresar a casa. Hay que escoger la ropa para el viaje y mejor incluir unos pantalones de algodón, frescos, para el tiempo. En el armario hay un par de ellos, de hace muchos años, quién sabe si aún de la talla adecuada. Al probarlos, algo dentro del bolsillo atrae la mano como un anillo de poder.

Es la magia de la vida que vuelve a la vida después de veinte años, a la sorpresa de un niño de cinco años ante el misterio de estas tardes de verano en una isla infinita, en una ciudad eterna, que siempre será suya -ahora ya lo sabe- allende los días, allende los viajes.

Hace unos cuatro años publiqué algunas fotos de los campos del Sur verdes en marzo. Hoy, aprovechando que ha vuelto a llover, cuelgo un par de fotos de los campos del Sur, ya dorados, en este tormentoso mes de mayo.

(Clic en las fotos para ampliar)

JESÚS RODRÍGUEZ / GREGORIO VERDUGO | Los trabajadores de la residencia de mayores Manuel Ridruejo Muñoz, en Sevilla, acuden cada día a su puesto de trabajo cargados con la losa de no haber cobrado las nóminas de los dos últimos meses y otras tres de 2011. Enmarañados en la retahíla de excusas de la asociación que gestiona la residencia, viven con la incertidumbre de no saber hasta cuándo sobrevivirán mientras emplean sus diezmadas fuerzas en no dejar desamparados, a pesar de los impagos, a los ancianos residentes del centro.

Daniel Martínez es uno de esos miles de jóvenes sevillanos arrollados por el vendaval de una crisis que no les ha dado ni una mísera oportunidad de anticiparse o sobreponerse y que los ha dejado desguarnecidos en medio de una tormenta que no amaina, desnortados, sin saber muy bien quién son ni dónde están o en qué lugar se encuentra el camino por el que se sale de esta nada.

Cuando conversas con Daniel, el tono de su voz, su mirada dispersa y a veces cabizbaja, su relato preñado de silencios, todo él se convierte en un gran interrogante que encierra un implacable “por qué” en sus entrañas. A sus treinta años, continúa viviendo con sus padres. “Siempre he vivido con ellos, excepto cuando estuve independizado durante un año, hace cuatro, con mi novia”. Lo dice con el regusto amargo de la nostalgia en los labios.

Ambos adquirieron una casa en Albaida del Aljarafe (Sevilla), con el correspondiente préstamo adjunto para poder pagarla. Cuando la relación entre ellos se quebró, la hipoteca quedó dividida entre los dos de una forma salomónica, pero ahora, tras siete años cargando con ella, Daniel apenas puede afrontar el pago. “Llevo ya dos meses sin pagar, y estoy pensando en dejar de hacerlo porque no puedo; sé que me puede traer consecuencias gravísimas, como ser moroso el resto de mi vida, pero es que no tengo para pagarla”.

A pesar de todo, Daniel se puede considerar en cierta manera afortunado de no pertenecer a ese trágico 31% de jóvenes entre 16 y 30 años -1,6 millones en total- que se encuentran en paro. Él sí tiene empleo. Trabaja desde hace tres años como educador social en la residencia de mayores Manuel Ridruejo Muñoz de Sevilla. No obstante, tanto él como sus cerca de 70 compañeros llevan sin cobrar dos meses (marzo y abril), además de otros tres que les adeudan desde el año pasado (febrero, marzo y la paga especial de junio).

La historia completa, en sevilla report

El que da vida a esto…

Jesu, Heraldo Mayor del Reino del Arrozal del Guadalquivir.

… y se enfanga en esto otro

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Letras: Antoine de Saint-Exupery - El principito

Música: (Nu) Jazz + Bossa Essentials (lista de Spotify)

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