Archivos para Noviembre 2006

Carlos Cano - “La murga de los currelantes”

¡¡Buenas!! Aunque dije que no iba a escribir más mientras estuviera en Bitácoras, me ha dado la picá de traeros la mejor canción, a mi parecer, del gran Carlos Cano: La murga de los currelantes. Su letra es muy comprometida, sobre todo para la época en que fue escrita, y supone (o debe suponer, al menos) mucho para todo el que se sienta andaluz. Espero que os guste. ;)

Ay Señor, la que armaron, la que liaron con la salida
de la masonería y la subversión.
La pelota, los toros, la lotería y las quinielas,
el Seíta, las letras, un televisor.
Yu’s pikinglis, turismo, sofico, renta, los alemanes,
bombas en Palomares… ¡vaya por Dios!
Y ahora con el destape de teta y trota, los camuflajes,
las serpientes con traje de santurrón.

Y es que las dentaduras ya no están duras pa estas huesuras
y llega la rotura y el personal
que ha sentao endiquela como se jalan de carca a carca,
mientras cuecen las habas suelta el cantar:

¡María!
Coge las riendas (de) la autonomía.
¡Marcelo!
Que los paraos quieren currelo.
¡Manué!
¿Con el cacique qué vas a hacer?
Po le vamos a dar con el tran tracatrán,
pico, pala, ichimpún!, y a currelar,
parabán parabán parabán pan pá.

Esto es la murga, los currelantes,
que al respetable buenamente va a explicar
el mecanismo: tira palante
de la manera más bonita y popular.
Se acabe el paro y haya trabajo,
escuela gratis, medicina y hospital.
Pan y alegría nunca nos falten,
que vuelvan pronto los emigrantes,
haya cultura y prosperidad.

¡Maroto!
Siembra la tierra que no es un coto.
¡Falote!
Que ya está bien de chupar del bote.
¡Ramón!
Hay que acabar con tanto bribón.
Po le vamos a dar con el tran tracatrán,
pico, pala, ichimpún!, y a currelar,
parabán parabán parabán pan pá.

Esto es la murga, los currelantes,
que al respetable buenamente va a explicar
el mecanismo: tira palante
de la manera más bonita y popular.
Se acabe el paro y haya trabajo,
escuela gratis, medicina y hospital.
Pan y alegría nunca nos falten,
que vuelvan pronto los emigrantes,
haya cultura y prosperidad.

Decisiones y mudanzas

He tomado una decisión, quizás más por fuerza que por determinación, pero la he tomado, y ya nada hará que me eche atrás: a partir de ahora, paso de Bitácoras, ya que me siento completamente tirado por el servidor, y sólo voy a escribir en Sin futuro y sin un duro, al menos hasta que me mude a una nueva dirección (posiblemente Blosit, aunque no sé…). Entonces retornaré al Arrozal, pero mientras resida en Bitácoras, sólo me podréis disfrutar en mi nueva comunidad (parezco el plus).

Nos vemos pronto (tan pronto como pueda mudarme de este cutreservidor de palo).

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Especiales (como siempre)

Palmer�nEl pasado viernes, en un acto celebrado en el Loperra Mediostadium, y presidido por Jabo Irureta, el presi-títere Pepe Cucharón y el enchufado de Óscar Arredondo, como presidente de la comisión del Centenario, fueron presentados los símbolos de la efeméride bética.

En el acto, se mostró al público la versión definitiva del himno, a cargo de Rafa González Serna, con la inclusión de coros y voces de la afición en un partido del equipo, así como el nuevo diseño de la web oficial y la que será la mascota del equipo verdiblanco en el año de su centésimo aniversario: Palmerín.

Al igual que con el himno, los de la Comisión del Centenario se han vuelto a lucir con la mascota. Han cogido la más fea pero con diferencia. Pero vamos, que esto ya era de esperar, teniendo en cuenta la política del actual dueño del club en otros aspectos más importantes, como son por ejemplo los fichajes (eso de llevarse la morralla que no quieren los demás equipos).

Esto es una cosa insignificante, pero que refleja a la perfección cómo se hacen las cosas en el Betis: eligiendo siempre el peor camino. Así vamos de putísima madre.

De la voluntad sin alas

Hay momentos en los que uno está espléndidamente feliz, contento, maravillado de la vida, porque ve que todo le sonríe. Momentos en los que uno hasta recupera la confianza en sí mismo, y se siente capaz de cualquier cosa.

Pero al poco, en cuestión de un puñado de días, uno se detiene involuntariamente a pensar, a analizar, las cosas vienen solas a su mente, y se da cuenta de que las intenciones que hace poco se propuso con tanta decisión, aquellas en las que primeramente puso tanto énfasis en cumplir, al final se han ido marchitando casi sin darse cuenta. Han perdido su fuerza, su valor. Ya no hay ganas de llevar a cabo dichos propósitos, aunque ahora más que nunca sea el momento de hacerlo.

En esos momentos, uno se pregunta cuál es el valor de una intención, si merece la pena proponerse las cosas, aun a sabiendas de que luego, más tarde o más temprano, acabará tirándolo todo por la borda, y pasando de ellas sin ni siquiera haber muerto en el intento. Cobardía, desidia, indiferencia… Son palabras que me vienen a la mente. Pero ante todo, la que mejor ilustra todo esto es hastío.

Hastío, de intentar una y otra vez las cosas y ver que no han salido, aunque eso fuera en otro tiempo y ahora las circunstancias sean diferentes, y la coyuntura más propicia para intentarlo. Hastío de tener que estar pensando la mejor forma de llevar a cabo un “plan de vida” con el miedo constante de meter la pata y que todo lo que has construido se vaya de nuevo al carajo. Hastío de llevarte un nuevo desengaño.

Al final, todo esto deriva en una indiferencia suprema, ya que ves con impotencia, casi como desde la butaca del espectador que asiste a una tragicomedia de mal gusto, que no puedes hacer nada, porque tu propia conciencia atrapada en los errores del pasado te lo impide. Te dan ganas de evitar hacerte ciertos propósitos, porque sabes que al final no vas a conseguir lo que intentas llevar a cabo, bien porque no sepas hacerlo de forma correcta, bien porque ni siquiera lo hayas intentado.

¿Qué valor tiene una intención? ¿Cómo mantener aislada la voluntad, ya de por sí volátil y huidiza, de los temores que me provocan los hechos de antaño? ¿Por qué es tan difícil dar el primer paso? Son preguntas sin respuesta que me llevan, a base de reiterarlas en mi mente, a la desidia de no querer saber nada que no tenga que ver con mis obligaciones más inmediatas. Lo que se suele llamar un círculo vicioso.

Lo peor de todo es que, al final, sucede lo más indeseado, y por ende lo más inevitable: la falta de voluntad ciega el ánimo. Sí es verdad que esto te toca la moral y te hunde un poco, aunque espero que no sea para tanto. Al menos espero aguantar decentemente hasta encontrar un nuevo propósito vacío de contenido con el que ensalzar el día a día.

Rafa Peña se muda

El autor de A tomar por culo cambia Bitácoras por Blosit, un nuevo servidor presumiblemente de bastante calidad.

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