Estoy bicheando por la edición digital de El Mundo y de repente me quedo frío, cuando leo lo siguiente:

El zoo de Berlín ‘indulta’ a un oso que iba a ser sacrificado a petición de los ecologistas.

¿Es posible? ¿Será cierto? Voy a leer otra vez, no vaya a ser que me haya equivocado… ¡Sí, es verdad! Es increíble lo que leo al desmenuzar la noticia, no salgo de mi asombro. No alcanzo a entender cómo gente que se hace llamar ecologistas son capaces de pedir que sacrifiquen a un animal.

Todo viene porque la madre del osezno, una osa que anteriormente había estado en un circo, se desentendió de Knut (pues ése es su nombre) y de su hermano, que desgraciadamente murió. Entonces, Thomas Dörflein, cuidador del zoo, decidió hacerse cargo del pequeño plantígrado, y alimentarlo con biberón cuatro veces al día.

Sin embargo, el animal se ha acostumbrado a los humanos, y es por eso por lo que estos grupúsculos piden que Knut sea sacrificado con una inyección letal, puesto que consideran que el contacto entre animales y humanos consituye “grave infracción a la ley del mundo animal”.

Finalmente, el veterinario del zoo de Berlín ha dictaminado que el animal no será ejecutado, pero que será trasladado a otro centro, para que los osos mayores no lo acaben matando. Incluso grupos políticos como el Partido de la Izquierda o Los Verdes han corroborado con su opinión dicha decisión, que no obstante ha sido calificada de “inhumana” po estos seudoecologistas del tres al cuarto.

Es increíble hasta dónde llegan algunos en su afán por imponer su pensamiento atrofiado. Si esta gente osan hacerse llamar ecologistas, lo primero que deberían hacer es tomar parte en el asunto para que Knut se integre cuanto antes con los de su especie. Pero señores, tienen ustedes que saber que la solución no es matar a diestro y siniestro.

“El zoo debe matar a ese osezno. Knut sufrirá problemas de comportamiento durante el resto de su vida”. Vaya frase para los que se dicen defensores de la naturaleza y la vida en el planeta. Y lo más increíble es el motivo de su postura: porque el oso no se adaptará, porque está muy acostumbrado a los humanos. Tiene guasa. Lo comprendería, e incluso defendería, en caso de que el animal fuera un enfermo terminal y estuviera sufriendo, o si estuviera poniendo en peligro la vida de otros ejemplares de su especie.

Pero no tiene sentido ese argumento. Es más una excusa para llamar la atención. Si atendemos a ello, por esa regla de tres deberíamos ejecutar a las personas autistas o que padezcan otros síndromes similares que afecten a su integración en la sociedad, ¿no es cierto? ¿Y a los que se aíslan en sí mismos y no quieren relación con nadie? ¿Los matamos también?

El caso es más grave aún, en tanto que el oso polar es una especie en peligro de extinción. Ahora lo que faltaba es que también se quejen de los proyectos de cría en cautividad y reintegración en su hábitat natural de especies como el lince ibérico. ¿También alegarán que la presencia y el contacto de los humanos va a perjudicar su integración con el resto de miembros de su especie? Bueno, pues que los dejen a su suerte. Entonces no tendrán que preocuparse, porque como no quedará ninguno, no habrá problemas de integración entre los linces.

Y lo mejor: una vez más, el causante del lío es un seudoperiódico amarillista, el Bild. Uno de esos que, como el Qué! y el 20 Minutos, se dedican a difundir entre la población páginas repletas de mierda y estupideces sin interés. Una plaga maligna para el periodismo serio, la opinión pública y la inteligencia. Vergüenza me hasta tener que hablar de ellos.