Parece que, misteriosamente, y siguiendo la tónica general del resto de mi vida, sigo cayéndole mal a la burrocracia (que diría Cris), aunque parece que las cosas por fin, después de un período más regular que otra cosa, comienzan a marchar de una forma bastante buena. Anoche abrí la bandeja de entrada de la cuenta de correo del trabajo (esto de ser un hombre con una agenda apretada requiere la existencia de una cuenta para cada cosa…), y me encuentro tres correos. Comienzo a mirar: una nota de prensa, publicidad spam… ¡oh! Un correo del MEC. ¿Qué demonios querrán ahora estos desgraciados desalmados? Para mi sorpresa, no era otra cosa que la notificación de que habían aceptado mi solicitud de beca para irme a estudiar inglés al extranjero. Un mes después, fieles a nuestra consigna -tardelli como siempre-, pero ahí estaba.

Después de haber maldicho 28734928734928 veces a la burocracia estatal y haber clamado al cielo por la injusticia de ser el solicitante 16.ooo y pico -de 53.000-, y sin embargo estar en el puesto 15.000 y algo de los suplentes, ahora por fin se cumplía mi sueño de abrir el correo y ver que habían aceptado mi solicitud. Bueno, en verdad mi sueño se limitaba a que me dieran una respuesta, pero ya que estamos, por pedir…

Así pues, y como esta gran noticia me pilla de sorpresa, comienzo a modificar sobre la marcha -¡vivan los planes improvisados!- todo mi calendario de verano, y en mi agenda cambio el modo Verano aburrido sin salir de casa nada más que para trabajar como un puto chino por el modo Guiri improvisado dispuesto a trabajar poco, o menos todavía, y a viajar tanto como permitan los días libres, teniendo en cuenta el factor monetario, que se encuentra en estado “cuenta corriente con telarañas”, así como el factor cabreo materno, que se incrementará cuanto más haga el ganso y menos trabaje y estudie, en el caso de que deba hacerlo, aunque hay un alto porcentaje de probabilidades de que así sea.

De este modo, como hizo Buentes en su día -allá por las fechas en que Fernando III el Santo llegaba a las puertas de Sevilla…-, yo os anticipo mi viaje. “¿Adónde?”, estaréis pensando. Pues creo que muchos de vosotros ya lo sabéis, pero por si las moscas, lo digo (sí, qué pasa, para una vez que puedo presumir de algo…): nada más y nada menos que a la preciosa isla de Malta.

Bueno… ¿Qué os digo de Malta? Según la santa Wikipedia (Dios la tenga en su gloria), el archipiélago de Malta es actualmente una pequeña república independiente -si bien forma parte de la Commonwealth-, pero a lo largo de su historia ha conocido todo tipo de dominaciones. Desde Cartago y Roma en la Antigüedad, pasando por bizantinos, algún saqueo por parte de los Vándalos, árabes, normandos, turcos, Napoleón, y por último ingleses, que convirtieron la isla en un protectorado. El país alcanzó la independencia en 1964, bajo soberanía de la Reina de Inglaterra, y como república libre en 1974. No obstante, la salida de las últimas tropas británicas no se produjo hasta el 31 de marzo de 1979, día que es conmemorado como el Día de la Libertad por todos los malteses. Podéis saber más sobre Malta aquí.

Sin embargo, qué puedo contaros yo que no podáis ver en este mini-documental que he encontrado, cómo no, bicheando por el Tubo:

Bueno, la verdad es que el vídeo no está mal, aunque claro, yo quitaría desde el primer momento esa música sacada directamente de las películas de Paco Martínez Soria. Y anda que el nota, decir que los que vamos allí a estudiar inglés usamos esa razón como excusa para ir a la isla de vacancias, ya le vale al nota… ¬¬ La verdad es que mi propósito es el de vivir el viaje como el de Marruecos 06, con la idea de fundirme con el país, vivirlo, sentirlo en lo más hondo, y quitarme de la cabeza cualquier tipo de cliché típico de guiri. Eso sí, la cámara de fotos no me la dejo aquí por nada del mundo, y desde ya aviso que me voy a poner tibio de echar fotos.

Bueno, hay algunos datos que me han llamado la atención, como lo de los 300 templos. En Malta hay una gran y larga tradición católica, acrecentada por hechos como el de que San Pablo naufragó en las costas de este archipiélago, en la bahía que hoy lleva su nombre, y fundó en la isla de Gozo, la situada más al norte, unas catacumbas. Claro, que no es sólo eso lo que está relacionado con la religión en Malta. Muchos de vosotros habréis oído la historia de la Orden de Malta y el Tributo del Halcón Maltés. Pues bien, esa historia dice así.

En el siglo XVI, el emperador Carlos I (sí, I, que para eso era de España) poseía el archipiélago de Malta como herencia por parte de su abuelo, ya que formaba parte del Reino de Aragón. Una vez que los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén fueron expulsados de Palestina por los turcos, el emperador les cedió las islas, así como Trípoli, para que se instalaran allí y las defendieran, a cambio de que acataran hasta la muerte su religión y sus ideales, así como que cada año le otorgaran al rey un ejemplar de halcón maltés, muy apreciado para la cetrería -que es un tipo de caza-. Los ya caballeros de la recién instaurada Orden de Malta así lo hicieron, hasta que en 1798 fueron expulsados de la isla por las tropas napoleónicas.

Otra cosa que me llama la atención es la pervivencia, como en Andalucía, e incluso de forma mucho más arraigada, del legado arábigo. No hay más que fijarse en la lengua, que es prácticamente -salvando las distancias, claro- una transcripción al alfabeto romano de la antigua lengua árabe vernácula, con algunos tintes de romanización. Y también la existencia de algunas provincias -o como demonios se llamen- con el nombre de Medina o de Rabat. Y de este último nombre deducimos más presencia de la religión, porque Rabat viene de ribat, término árabe que significa monasterio. De ahí vienen denominaciones castellanas como la de La Rábida -un monasterio, por cierto-, o la de almorávides, que en realidad es una adaptación al castellano del vocablo árabe al-moravitum, que quiere decir la gente del ribat, esto es, del monasterio existente en la actual Mauritania, y del que procedía esta belicosa tribu árabe que ocupó al-Andalus desde finales del siglo XI hasta la mitad del XII -no los confundamos con los almohades, que esos sí que daban leña hasta en el cielo de la boca, pero vinieron después-.

Pero claro, tras esta apasionante lección de historia, seguro que todos estáis pensando en dos cosas. La primera, y más importante, es cuándo cojones voy a acabar de escribir. Ya mismo, tranquilidad. Y la segunda, y no menos vital, es dónde queda el verdadero recuerdo que los españoles tenemos de Malta: un 21 de diciembre, el del año 1983, en el campo del Betis, cuando se llamaba Benito Villamarín -nombre que no debió perderse-. El día en el que la selección española consiguió la gesta más importante y grandiosa de su historia, y lo digo permitiéndome el lujo de anteponerla a la conquista de la Eurocopa del 64, porque en realidad quizá que sea algo más gran y heróico.

Aquella noche, España se jugaba la presencia en el Europeo de Francia de 1984 -en el que casi conseguimos el título-, ante una débil Malta. Pero aunque ganáramos, necesitábamos marcar 11 goles para superar la diferencia con nuestros rivales de grupo. Al descanso, el marcador mostraba un mísero 3-1 favorable a La Roja. Algo insuficiente, pues ahora tendríamos que marcar no 11, sino 12 tantos. Miguel Muñoz, por entonces seleccionador nacional, cogió a sus hombres en el vestuario, les dio una charlita, los arengó, y al final se consiguió la gesta, de una forma memorable. Tanto como lo muestran los gritos apasionados de un entonces joven Juan Carlos Rivero -un hombre que cuando se pone delante de un micrófono se convierte en Sosoman, y eso lo demuestra hasta en el Pro-, cantando el gol de Señor, el que nos daba la gloria. Disfrutad de esos momentos, porque algunos que aquello no lo vivimos sólo nos podemos conformar con ver a una selección grande y con agallas a través de este vídeo. Saludos… digo… sahha!!!