Archivos para Agosto 2007

Frito

Estoy harto. Del verano. De agosto. De julio. Del buzoneo. De los buzones. De los quetos. Del Queto. De San Juan. De Mairena. De los viejos que no me dejan entrar en los portales. De las viejas que me hablan mal. Del sol. De la sombra. Del calor. Del frío espontáneo. De comer cuchareo con 45 grados a la sombra. De que los ordenadores no me funcionen como a mí me sale de los cojones lo más profundo de mi éter espiritual. De los perritráncanos. De los perros de dos patas. De tener que aguantar a gente estúpida. Del coche. De las averías del coche. De tener que echarle agua al coche cada vez que voy a cogerlo. De tener que conducir. De los coches de los demás. De tener que conducir los coches de los demás. De los capullos mamones infractores que ponen su coche pegao al mío y no me dejan entrar en él, o sacarlo del aparcamiento. De mi jefa. De mi otra jefa. De cualquiera de mis 7 jefes. De estar cobrando dinero a mansalva. De estar cobrando una mierda de sueldo. De las lesiones. Del ejército rebelde de pelusas que ha tomado el control de mi cuarto. De no tener ni un segundo para poder actualizar el blog. De tener post pendientes y no poder escribirlos. De WordPress y sus putiñeras revisiones de mantenimiento que duran dos horas. De las noticias. De la administración de la web. De Europa Press. De Alwadiira. Del sueño. Del insomnio. De no haber aprendido aún a tocar la harmónica. De no haber aprendido básicamente porque no encuentro mi harmónica. De mi mochila. De la cremallera de mi mochila. De broncearme únicamente los brazos y las piernas. De no tener nada de ropa que llevarme a Malta. De lo que ello implica: tener que ir a comprar ropa. De la burrocracia. De los que me contratan y me hacen el contrato al revés, y no me pagan a mi debido tiempo, y luego me hacen ir a firmar el contrato cuando no debo. Del SPAM. Del humor sarcástico y los pildorazos y darditos de algunas personas que no saben que sus puyazos son inofensivos para mí y que me paso lo que me digan por la punta del cipotillo. De tener que aguantar a más personas estúpidas todavía. De Spider-Pancho pegando ladridos a las 4 de la madrugada. De llevar muchos meses intentando ver a mis mejores amigos del instituto y no haberlo hecho. De estar deseando que llegue septiembre para ir a hacer una visita a mis profesores del colegio. De las visitas por compromiso a gente que ni conozco ni me interesa conocer. De la gente que impone a los demás lo que tiene que hacer o decir. De la gente falsa e hipócrita, tan hipócrita como para llamar hipócrita a los demás, siendo ellos los primeros en la lista. De tener que tratar con gente así a diario. De la competencia. De los quetos de la competencia. De los que se presentan en la clínica intentando quitarme el puesto de trabajo. De tener que hacerles ver que sólo mi compañero y yo partimos la pana (aunque con esto disfruto). De Endesa. De los muertos de Endesa. De los apagones cada vez que caen cuatro gotitas. De los apagones cuando hace viento. De los apagones cuando no hay ninguna condición climatológica adversa. De que la mitad de los días no haya luz en mi calle. De que la otra mitad de los días sólo haya luz en una acera. De mis vecinos. De la mierda música ratonera que ponen. Del despertador. De la alarma. De tener que levantarme a las 6 de la mañana incluso domingos y festivos (¿qué es un festivo?). De acostarme to tarde. De no poder dormir siesta. De los lunes. De los martes. De los miércoles. De los jueves. De los viernes hasta las 14:00. De que me coaccionen para que vaya a deleitar a todos con mis cualidades como portero. De la informalidad de la gente a la que llamas pa jugar y luego no se presenta. De que cuando perdemos me echen las culpas a mí. De que me dejen solo en los contragolpes del otro equipo. De nada en general, y de todo en particular…

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En definitiva, que necesito vacaciones…

Empresarios

Siempre he pensado que el Interludio OSR aparecido en Un tipo cualquiera, el último LP (2006) de Tote King, es, además de una divertídisima y deliciosa crítica a cargo del siempre grande David Bravo, un magnífico ejemplo a disposición de las facultades de comunicación, con el cual enseñar a sus alumnos todo este entresijo de mentiras, disfraces y eufemismos de los que se compone el mundo de los medios de comunicación.

Y eso los periodistas lo tenemos muy claro. Tan sólo hace falta ver esos maravillosos informativos de Antena 3, que más que informativos parecen shows de variedades. Te ponen dos kilos de sucesos, cuarto y mitad de catástrofes naturales, un puñado de crispación política (imprescindible en cualquier cadena), una cucharadita de curiosidades estúpidas (como la del tiburón de la playa de no sé dónde, que han estado tres días con la leche esa…), 100 gramos de desinformación sobre temas concretos (como videojuegos, música, libros…) y, para rematar, una pizca de forofismo merengue en los deportes. Todo ello aderezado con un inconfundible aroma a sensacionalismo.

El otro día, les dio por sacar uno de esos “reportajes” de los que suelen poner para mantener entretenidos a los aspirantes a borregos que piensan que con lo que dice Antena 3 (y la tontovisión en general) están informados. No se les ocurrió hablar de otra cosa que de “la crisis que está atravesando el sector del turismo este verano”. Con los bares hemos topao. Y ahora a darle protagonismo a los señoritos -según Antena 3- “empresarios del turismo”. ¿Cómo? Pues dejando que lloren un poquito.

Nuevas sartas de auténticas estupideces, relatadas de viva voz por los propios estúpidos que se quejan de ellas. Que si sale uno de un bar diciendo que los turistas gastan muy poco, que van a pasear y a la playa, pero luego no consumen, y que cuando lo hacen comparan varios precios y miran mucho por el dinero; que si sale uno que alquila apartamentos quejándose de que la gente aprovecha al máximo el sitio de un apartamento, metiendo a toda la gente que cabe; que si sale -atención, por favor- el encargado de una discoteca, criticando que la gente sólo va a bailar, y no consume, y que luego en la calle mucho botellón, bla bla bla…

Vamos a ver, señoritos que vivís a costa de los trabajadores. Por lo visto a ustedes no les llega la capacidad de procesamiento de datos como para comprender que si el turista cada año tiene menos dineros, porque los jefes pagan menos y menos, las cosas cuestan más y más, y encima ustedes suben las cosas -siguiendo la tendencia-, lo más normal es que la gente salga con bocadillos hechos de su casa, y no vaya a un bar a dejarse medio sueldo en un almuerzo para 6 personas, o quiera meter a padres, hijos, hermanos, sobrinos, nietos y toda la troupe en un piso que cuesta una riñonada.

Pero el gracioso de la discoteca es el que se merece mención especial. A ver, guapo. Antes de soltar tamaña pamplina, vas a hablar con tu jefe, y le dices que la gente no consume bebida, porque primero, antes de entrar, seguramente tendrán que pagar una entrada, y al llegar a la barra, les dirán que las copas cuestan 7 € la más barata. Creo que si piensas eso dos segunditos antes de abrir tu bocota para soltar la patada del siglo, entenderás que existe una solución gracias a la cual puede beber un grupo de personas por el mismo precio que tres cubatas en tu cutredisco, y esa solución se llama botellón.

Imbécil.

Y claro, pobrecitos ellos, que no ganan más dineros de los que ya ganan. Pero no hay que temer. Ahí está la maravillosa Antena 3 para soltar una ración de maquillaje y distorsión de la realidad. Los pobrecitos ven disminuidos sus ingentes ingresos cerca la quiebra por nuestra culpa, porque nosotros no nos endeudamos para darles dinero para un nuevo cochazo de comer. Y para ello recurren a un elemento mágico: el eufemismo.

Dado que este mundo está regido por las empresas, y dado que la figura del empresario está tan bien vista por toda la sociedad -sobre todo por un importante sector de los espectadores de Antena 3-, pues qué menos que englobar a todos estos personajillos bajo la denominación de “empresarios del turismo”. Qué bonito les ha quedado, sí señor. Se han superado. Así, los espectadores se verán obligados a gastar, a mantener a esta gente, porque ya se sabe, las empresas son el motor de nuestra economía, y si ellas van bien, la economía va bien, y bla bla bla…

Pero ustedes fijarse en el peculiar eufemismo, e imaginárse un diálogo como éste:

-  Oye, ¿y tú a qué te dedicas?
- Pues soy empresario del turismo.
- Ah, ¿sí? ¿Y de qué rama empresarial?
- Pues tengo un kiosko. ¿Y tú, cuál es tu oficio?
- Pues soy Ingeniero Técnico Espeleólogo por la Universidad de Camembert de Almensilla.
- ¿Y en qué profesión cristaliza eso?
- Pues verás, arreglo piedras de mechero…

Esta esperpéntica conversación me recuerda a aquella otra paquetilla personaja que decía ser empresaria, sólo porque su padre la tenía puesta de secretaria de su empresa de seguridad. Y resulta que la empresa de seguridad consistía en cuatro tíos (y un perro pulgoso) que se dedicaban a vigilar las obras, y lo único que hacía la secretaria era firmar las nóminas de los empleados, esto es, los talones, y lo hacía ella para que su señor padre pudiera evadir impuestos. En fin, una meteórica carrera en el mundo de los negocios.

Claro, que toda esta cantidad de jilipolleces sin nombre tiene su contrapunto en una magnífica noticia: el Ayuntamiento de Sevilla construirá un complejo empresarial de más de 300.000 metros cuadrados, cerca de Pino Montano, dedicado única y exclusivamente a las empresas de la comunicación y la información (esas sí que son empresas de verdad, con empresarios gordos y que abusan de sus trabajadores y los silencian a la fuerza y esas cosas…). Esperemos que todo salga muy bien, y por fin nuestra ciudad tenga un espacio con el que dar al Periodismo y la Comunicación el lugar que le corresponde.

Bueno, habiendo concluido todo lo que tenía que decir, procedo a retirarme a cenar en la mejor mesa de una empresa del turismo basada en la manufactura familiar, aunque de reconocido prestigio internaciona: el Restaurante Mikeli, que en dialecto siroco viene a significar Bar Micasa.

Hasta la próxima, arquitectos e ingenieros técnicos de la lectura y degustación bloguera!!!

Siempre ahí

La felicidad es como una mariposa: cuanto más la persigues, más te esquiva. Pero si centras tu atención en otras cosas, vendrá y se posará suavemente en tu espalda.

Henry David Thoreau

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La historia que os voy a contar hoy tuvo lugar un día de junio, en que venía de almorzar en el comedor de beneficiencia que aquel martes había montado en su casa María Jesús García, la madre del señor Buentes. Pues resulta que me había tocado coger el autobús solo, ya que el Pablo se había ido a dar clases a sus niños en bicicleta, y ahí fue el principio de esta bonita anérdota.

Llegué a la parada, bajo el atento acecho de un flamante sol al que no escapaba movimiento humano alguno. Allí me encontré con unas 15 personas que, como yo, esperaban la llegada del 25, el cual nos llevaría desde el barrio de Juan XXIII a la Puerta de Jerez. Recuerdo que me puse al sol, porque a la sombra no quedaba sitio. Y también recuerdo que un poco más adelante había una muchacha, que me pareció una niña, también al sol, con un bolso grande, casi macuto.

Arribó el 25 a la parada de la calle Doña Francisquita. Se montaron todos, y yo cogí un asiento de ventanilla, junto a una mujer mayor, que se bajó en la siguiente parada. Yo iba mirando a ratos por la ventana, y a ratos leyendo. Así que, cuando aquella muchacha con aspecto de niña se sentó a mi lado, lo supe porque vi de refilón su mochila celeste.

Seguí a lo mío, sin percatarme por lo que acontecía a 20 centímetros de mí. Hasta que en una de mis desviaciones de atención desde el cristal de la ventana al papel del libro, me di cuenta de que la chiquilla tenía algo en la mano, algo que se movía, algo que le estaba mordisqueando el dedo.

Sólo me atreví a mirarlo de refilón, y en un principio pensé que era una rata o un murciélago, por su tamaño, y por el ruido agudo que emitía. Pero por fin me decidí a mirar abiertamente. Me llevé dos sorpresas. La primera fue que la cosa que tenía la muchacha en la mano no era nada de eso, sino un cachorrillo de perro, con muy poco tiempo de vida, algo que deduje al ver sus ojillos ocultos aún tras sus párpados. La segunda sorpresa vino al girarme hacia la chavala, y descubrir que no era una niña, sino una muchacha mayor que yo, incluso.

No pude evitar una sonrisa al ver aquella criatura diminuta, buscando algo a lo que asirse, y ese algo eran los dedos de la muchacha que lo sujetaba. Le pregunté de qué marca raza era el bichillo, si un galgo o un podenco. Me dijo que no sabía, que creía que era un podenco, pero que no estaba segura. Y procedió a contarme la historia.

Se lo había encontrado en la basura. Abandonado como según la tradicional expresión corresponde a un perro. Ella, veterinaria de profesión, según me confesó, lo había recogido y se lo había llevado a su casa. Allí, me dijo, tenía montado ya un zoológico, con multitud de especies. Uno más no iba a ser molestia. Pero es que no venía solo. Traía consigo a su hermanita, que se encontraba dentro de la bolsa.

Según me contó la chavala, la perrita, la que estaba dentro del bolso, no estaba bien del todo. Tenía un ojo hinchado, seguramente por una infección, apenas comía nada y temblaba continuamente, a pesar del calor ambiente. Sin embargo, el otro nada más que hacía pedir comida, y eso era lo que hacía cuando mordía el dedo de su improvisada dueña: buscar algo de lo que mamar.

“No te puedes imaginar la guerra que dan por la noche; piden comida cada dos horas; cuando uno se duerme, empieza el otro”, relataba la chiquilla; “llevo ya tres noches sin dormir, pero bueno”. Cuando pensaba que iba a empezar a quejarse en cierto modo, me volvió a sorprender: “Aunque den guerra, y no pueda dormir, estoy feliz de poder intentar salvarlos; son una responsabilidad, pero para nada son una carga”.

Finalmente, me dijo que, aunque iba a ser difícil salvar a la hembrita, al menos lo iba a intentar. Le quedarían secuelas, pero ella estaba decidida a salvarla, y a quedarse con ella si lo conseguía. “Seguramente el otro lo daré, pero a ésta me la quedo yo”. Evidentemente, nadie iba a querer un perro medio tuerto, pero no era eso. Se notaba el cariño en su voz y sus palabras.

Luego, ella llegó a su parada en Ramón y Cajal, y sin ni siquiera habernos dicho nuestros nombres, nos despedimos. La seguí con la vista mientras el autobús arrancaba de nuevo rumbo a nuestro céntrico destino. Mientras llegábamos, a mí se me presentaban en la mente todas esas situaciones -que no son pocas- en que nos encontramos hundidos, en lo más hondo del contenedor de la vida, y alguien, quien menos esperamos, y quien más falta nos hace, viene a rescatarnos. Al igual que esos pobres perritos, abandonados cruelmente por alguien que no se merecía su cariño, y recogidos por la mano amable de una veterinaria que sí los sabrá mimar.

¿Quién no se ha sentido alguna vez así? ¿Cuántas veces nos hemos creído muertos en el intento, y al final, en el peor momento, una mano amiga surge de las tinieblas y coge la nuestra, apretándola con fuerza, guiándonos hacia la luz? Una mano que muchas veces pertenece a alguien que, durante nuestra andanza, siguió cada uno de nuestros pasos desde lejos, pero desde cerca a la vez, aguantando la respiración en cada bache del camino, y listo para correr cual camillero del alma a socorrernos en la caída.

Una persona que, cuando las lágrimas nos ahoguen y nos impidan vislumbrar qué hay más allá del velo de tristeza que nos tapa la cara, nos insufle ese aliento necesario en las horas bajas, simplemente susurrándonos al oído un “You’re special, you’re the one”, o un “I’ll be here, always and forever”. Al igual que, seguramente, esa muchacha anónima del 25 hace con sus dos pequeños cachorrillos cada noche.

Finalmente, bajé del autobús en la Puerta de Jerez, y me encaminé con paso firme y decidido hacia la parada de la guagua que me conduciría a casa. Y así, con el sol bañándome el rostro, y oyendo el rumor de las olas del Guadalquivir por encima del mundanal ruido del tráfico de los Paseos de Cristina y las Delicias, feliz y sosegado, me despedí de Sevilla un día más, pensando, quizás recordando, que es bueno saber que siempre hay alguien ahí.

Breakfast at Benirrás

Music by Afterlife. Picture by Akoo.

Que viene, que viene…

Ya está aquí, ya se siente, ya llega… Un año más, el mayor espectáculo del Universo, sólo en nuestros PCs.

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