Lo llamaban Chispelo. El padre de los Sevillanos. El marido de aquella republicana de la capital. De ella dicen que bordó la tricolor, que leía a voces el diario en la plaza, que alborotaba a los campesinos. Pero de él, nada cuentan los ancianos. Sólo que nunca habló o pensó de más. Que nunca se metió en escándalos, ni participó en nada de puertas afuera. Un hombre noble, una bella persona. Pero un día de aquellos calurosos, en el verano del horror, los moros preguntaron por la Sevillana con tres puñetazos en su puerta. “No puede irse, está enferma en la cama”, les respondió su marido. “¡Pues vente tú!”. Lo cogieron del pescuezo, y lo llevaron por las callejuelas hasta la plaza de la Iglesia. Allí se pararon, y el Chispelo quedó quieto, callado, sin volverse. Una bala cayó sobre su espalda con el fragor del trueno, y clavó las rodillas en los adoquines, entre un charco de sangre. El padre de los Sevillanos arrastró su agonía hasta la puerta de la sacristía, por cuyo vano asomaba una sotana de color muerte. El Chispelo alzó la vista, suplicante, pero sólo recibió un bramido por respuesta. “¡Rematadlo!”. Unos pasos de botas se acercaron, y el cañón de una Astra 400 dictó sentencia. Luego el silencio cayó a plomo, y el miedo siguió resbalando por las paredes desconchadas.
Archivos para Marzo 2008
El Chispelo
Publicado 30 Marzo 2008 Anérdotas virídicas , Crítica voraz , Cuentos y leyendas , Descubrimientos casualísticos , Polítiqueo, y otras sicopatías 0 ComentariosGod is in the rain
Publicado 23 Marzo 2008 Anérdotas virídicas , F/7.5 DF50 ISO100 1:250 , Flying sounds , Sevilla, la ciudad de los inútiles , al Xaraf 8 ComentariosÉste es un homenaje a todos aquellos que este año no han podido acompañar a su Cristo y a su Virgen en estación de penitencia, a causa del llanto de San Pedro. No queda más que desearles mucho ánimo, para que cumplan sus promesas durante el tiempo que resta hasta la próxima Semana Santa. Que lo hagan reservando toda su ilusión, y recordando siempre que Dios está en la lluvia.
Music: dZihan & Kamien - Drophere
El Chatarra
Publicado 16 Marzo 2008 Anérdotas virídicas , Cuentos y leyendas , al Xaraf 1 ComentarioAllá en el barrio, en la calle siempre cuesta abajo, donde la chicharra canturreaba entre los matojos secos que verdeaban en marzo, había un residente perenne. No era más que un viejo coche, un Citröen CX, de color azul celeste, como el cielo del oeste en las mañanas soleadas de julio. Un cúmulo de años, enroscados entre la chapa descolorida por el sol tenaz del verano.
Lo llamábamos el Chatarra. Era como un anciano que ya poco podía decirnos de la vida, pero que sobre sí había cargado el peso de innumerables épocas. Y el tiempo, con su implacable mano, lo había anclado en aquel hueco, pegado a la acera, justo frente al número 15.
Muchos días pasamos rodeándolo, con la curiosidad por mirada, preguntándonos cuántas veces habría visto amanecer y cuántas morir el sol. Cuántos rumores de otras épocas, traídos por el viento de solano, habrían llegado hasta su coraza desteñida. Cuántas veces la lluvia eterna habría limpiado del polvo del olvido sus cristales. Cuánto tiempo habría permanecido él, con sus faros cubiertos de saudade, escrutando nuestras vidas, adivinando, quién sabe, qué sería de nosotros a la mañana siguiente.
Y sin embargo, a pesar del surco que los días abrían en nuestras almas, allí seguía él, silencioso quieto e inamovible como un milenario olivo de tronco nudoso. Respirando el aroma de los jazmines, en aquellas noches de agosto, de canto de grillos, cuando jugábamos al escondite a la luz tímida de las farolas. Treinta y cinco, lento, media vuelta, ¡por el Chino! Todos atrincherados tras la larga hilera de coches, como parapetados ante una inminente guerra. Y nos delataban. Se aupaban sobre sus ruedas y nos dejaban al descubierto. Y él, nuestro viejo amigo, nos acurrucaba contra sí, echado completamente sobre el suelo, como descansando de tantos años de rutina bajo el mismo cielo.
Él sabía de muchas cosas. Nos contaban nuestros padres que ellos paseaban de la mano siendo novios, y el Chatarra ya estaba allí. Luego vinieron otros desde lejos, y el Chatarra los saludó, con las ruedas medio vacías acusando la carga de los testarudos años. Esos días, los hijos de aquellos que otrora conocieran al Chatarra cuando aún era “la bala celeste”, atendían boquiabiertos a las palabras de su amo, su compañero de fatigas. “La bala, la bala…”, decía, con su acento cerrado de la Campiña empapado de nostalgia. “Ya demasiado ha hecho por un pobre viejo como yo. Ahora ya por fin descansa”. Y callaba, para darle una calada al ducados, casi con una sonrisa asomando a la comisura de los labios.
Un día, vinieron. Armados con un monstruo mecánico vinieron, y lo arrancaron de su sitio emérito. Nos dejaron sin él. Pero nosotros no estábamos para impedirlo. Le habíamos fallado. Tantas tardes recostados en su capó, mirando al cielo y a los balcones con geranios. Tantas historias, contadas a la sombra de una pared encalada, con los pies apoyados en sus puertas. Tantas veces como habíamos mirado en su interior, creyendo encontrar un viejo tesoro escondido, un secreto hace vidas olvidado. Pero nosotros no estábamos allí. Lo habíamos abandonado.
El viejo Chatarra… Él fue el primero en llegar, y también el primero en partir. Antes que a nosotros mismos, a él lo conocimos. Testigo del perdón de todas las peleas en diez calles a la redonda, mudo confidente de secretos pactos de sangre, fiel compañero que nos prestaba su espalda para recuperar el aliento carrera tras carrera. Era nuestro Padrino, siempre velando por nosotros.
Pero ahora un silencio pesado se movía entre nosotros como un fantasma. Nos sentíamos vacíos, sin el sordo destello de cristales empañados por el paso de las tardes, sin esos faros alumbrándonos con su tristeza de largos otoños. Tan sólo había un surco en el suelo. La tierra, el polvo, las pelusas se acumulaban, formando un epitafio sin palabras.
Y allí permanecíamos todos, anclados en la puerta encalada del número 15, como él lo estuvo lentas tardes. Uno tras otro, en hilera, como un equipo hundido que se ha dejado la ilusión en la cuneta. Contemplábamos, con mirada vidriosa, la gloria perdida de su trono inmortal. Sobre nosotros, sin darnos cuenta, nos consolaba el cielo eterno de agosto, teñido de un celeste tenue, como de saudade. Como el que durante veranos infinitos atesoraron aquellos cuatro pedazos de chapa raída.
D.E.P.
Publicado 12 Marzo 2008 Anérdotas virídicas , Crítica voraz , El pan de cada día , F/7.5 DF50 ISO100 1:250 , Me escojono , Polítiqueo, y otras sicopatías 0 Comentarios
Aquí yace la campaña electoral.
Descansemos en paz.
Servilismo
Publicado 4 Marzo 2008 Anérdotas virídicas , Crítica voraz , Herziología , Lopera Balompié , Me escojono , Sillón-Ball , ¡Apúntalo! 1 ComentarioPerlita de uno de los comentaristas de la radio oficial(ista) del Betis, durante el partido Betis-Murcia, de la jornada 26:
Bueno, y digo yo… Si Pavone está volviendo loca a la defensa, si Mark González está haciendo un partidazo, si Ricardo es un porterazo… Digo yo que los fichajes no están no han salido tan malos, ¿no?
Pero hombre, ¿qué clase de broma me está contando usted? Ande, deje el servilismo, y diga las cosas como son. O mejor, retírese un poco.

















Ecos marismeños