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No sufras, caminante, si algún día
te faltan fuerzas para dar un paso.
Aguanta, no decaigas, saca nervio
del fondo de tu ser, y mira al frente.
No llores si te hieres las rodillas
después de tropezar con un peñasco.
Levántate, despójate del polvo,
sostente con firmeza en tu cayado,
prosigue tu periplo sin descanso.
Nunca bebas del pozo del desánimo,
mejor sacia tu sed con lluvia fresca.
Que el viento mezca tu melena suelta
y no te ciegue el sol del mediodía.
Que los mirlos te alivien con su canto
y te guíen las estrellas en la noche.
Mantén la vista alzada, y guarda siempre
un poco de esperanza en tus alforjas.
Compañero, no dejes de mirar
el horizonte, olvida los pesares,
ríe ahora y disfruta del viaje.
Recuerda que al final de este sendero,
cuando veas la puerta de tu casa,
tan sólo guardarás como recuerdo
las largas siestas junto al arroyuelo,
las nubes sobre los trigales verdes,
las risas de los niños de aquel pueblo,
jugando al esconder bajo el aroma
de naranjos en flor en primavera.

30.I.2009

Como diría Enjuto, “hoy estoy feliz, tengo ganas de viviiiir…”. Aunque en verdad dentro de poco me voy a querer morir, porque ya llegan los exámenes, y no es que me vayan a follar de mala manera -que también-, sino que tendré que partirme en catorce -ahora mismo ya estoy partido en ocho- para poder abastecer el chorreón de cosas que tendré por delante además del estudio, que siempre está en último lugar.

Pero no importa, porque la cosa es que hoy estoy feliz, tengo ganas de viviiiiir… ¿Y por qué?, se preguntarán ustedes. Pues porque, al igual que al Maister, me alegra mucho la vuelta del señor Buentes a la actividad bloguera, con La Campana Digital, el suplemento blogosférico en el que podrán encontrar todo el redoble cultural de Sevilla. Como esta entrevista que un servidor hizo a Borja de Diego (compañero de estudios, versos y otras fatigas), y que el campanero mayor del reino ha publicado en su campanario. No se la pierdan. (Parte 1 | Parte 2 | Parte 3)

Y también es motivo de alegría que un tal Jesús Rodríguez, amigo íntimo mío, bastante raro y pesado, aunque he de reconocer que no es mala gente del todo, ha firmado su primera información como periodista semi-pro en la sección de Economía del diario ABC (ahistartío), acerca de la quiebra de la empresa de frutos secos Kelia. Esta noticia pone en evidencia la importancia del sector frutosequero como uno de los pilares básicos de la nueva economía mundial, lo que explica que este muchacho haya decidido profundizar en estos temas.

Y como estamos alegres por éstas y otras muchas cosas, e incluso sin motivo alguno, pues os dejo con un regalito vídeosonoro que nos recuerda que ya vuelve la alegría de la fiesta, que se acerca el espíritu de Momo, y que este año lo hace después del final de la batalla faculticida, de modo que, muy probablemente, nos veremos comiendo tortillitas de camarones en el barrio de la Viña, o dando un paseo por la Caleta. Que viene, que viene… shhh… shhh…

Mi felicitación personal para Alibaimor (o Baimorali, como gusten), por su nosécuántos cumpleaños (con el remix de Yukihiro Fukutomi para el Coffee Talk de los Jazzanova de fondo).

Y aquí, el temita de regalo: la Guajira del Navegante de Guillermo Cano (que la pobre muchacha no pudo escucharla en su momento debido a problemas técnicos).

Pa bajártela, pica aquí, tú sabe.

PS. Un saludo pa mi madre, que me estará viendo.

colgaduraEn estos primeros días de enero, cuando ya toca retirar los belenes y otros adornos navideños, hago inventario del año viejo, recuerdo lo poco que he ganado, lo mucho que he perdido, y todo lo que he dejado en el camino, y me queda una gran lista de fracasos, malos momentos, tropiezos, desilusiones, palabras feas, malas acciones y buenas acciones ajenas no correspondidas con otras buenas acciones propias.

Es algo habitual, cada Navidad. Esta época de -supuesta- unión familiar, cercanía con nuestros amigos y allegados, amor e ilusión es, un año más, un tiempo de familias separadas, de distancia con los que queremos, de soledad y de melancolía.

En estos días en los que los últimos ecos de la Navidad se pierden en lontananza, recuerdo los años en que estas dos semanas estaban plenas de luces, de carreras, de risas, de cenas familiares, de lumbre y villancicos, de turrón, de belenes y de Reyes. Alegría y calor, de forma sencilla. Poco que ver con el tiempo frío, aburrido, silencioso, apagado, artificioso y fantasmagórico que es hoy.

Siempre, cuando algo se acaba, se dice -a veces más como consuelo que como otra cosa- que lo más importante es lo que queda. Y esto es lo que me queda tras la Navidad: un cúmulo de tristeza y de vacío. Nada con lo que afrontar el año que entra, y que -me dicen todos, como para animarme- viene cargado de cosas buenas, pero seguro que no es más que ese espejismo de hielo de las primeras semanas, que se desvanece con el calor de febrero con el que el perro busca la sombra.

Pero al ver esas colgaduras del Niño Dios que hasta hace dos días adornaban los balcones, en el lugar donde hace un año había un gordo borracho empijamado, entiendo que la Navidad, el nacimiento de Cristo, no está del todo acabada. Y, aunque sea sólo por consuelo, como para animarme, es bueno pensar -y saber- que tras la Navidad no sólo hay tristeza, soledad y malos recuerdos. Que al final también nos queda la esperanza.

El que hace esto

Jesu, Heraldo Mayor del Reino del Arrozal del Guadalquivir.

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