Sevilla queda atrás, allá a lo lejos, como una colección de casas en miniatura, mientras subo por la Cuesta del Caracol, entre los Jardines del Carambolo. La puerta del Aljarafe. Colinas serpenteantes en el horizonte, salpicadas de olivos, rayadas por algún camino que lleva a un más allá desconocido.
Frente a una gran cascada, y desde lo alto de su enhiesta columna, cual plebeya trajana, una aguadora recibe al visitante, junto al Museo de Gastronomía, hogar de placeres incontables. Me adentro en Castilleja de la Cuesta, por su Calle Real, antiguo límite del municipio, y hoy travesía entre lugares.
Tras saludar a los Hermanos Reyes, en su rinconcito de siempre, una calle adoquinada me lleva hacia la Plaza de Santiago, con sus cuatro arcos vigilantes y abiertos al mundo. Allí, en un banco, entre el frescor de la brisa y el aroma a azahar, me imagino sentado en un banco junto al Apóstol Santiago, disfrutando de una de esas tortas de polvorón de la Primitiva, de las de nuestro añorado Andrés Gaviño.
Bajando por la calle de Hernán Cortés me encuentro de frente con la efigie del Conquistador, erguido silente y expectante en el muro de su palacio, ahora colegio de las Irlandesas. De torta a torta y llego a la calle Inés Rosales, un poco más arriba. Un enclave comercial con el nombre e incluso el olor de la clásica -y aún viva- repostería tortera de Castilleja.
Vuelvo al barrio, a Diego de los Reyes, a su viejo mercado con fachada de hierro y de cristal. Al bar Canela, al Kiosco de Juan Antonio el Cáscara. Nada cambia, alegremente. Y aunque ahora el puente sea más alto que nunca, allí sigue el Faro, al otro lado, con la luz de sus calles estrechas, de sus casas bajas, de sus gentes sencillas. Con el nítido recuerdo de la infancia en medio del bullicio de la autopista. Con el espíritu antiguo de un pueblo en estos agrestes tiempos metropolitanos.
Bienvenidos a Sevilla.









3 comments
Comments feed for this article
1.07.09 a 12:59
Bukowski
Esto es lo suyo, sí señor. Qué enterismo.
3.07.09 a 0:04
Jesús Beades
Tu enterismo mola. Pero ¡cuidado! estás a un paso de la postal de costumbres, del columnismo local halaga-enteristas. Un truco: esos “su”, tan gastronómicos (se echa su ajito, su perejil, su poquito de sal…), potencian demasiado el localismo:
“con la luz de sus calles estrechas, de sus casas bajas, de sus gentes sencillas”.
Quizá: “con luz de calles estrechas, de casas bajas y gentes sencillas”
Aunque lo de “gentes sencillas” es como de reportero de Andalucía Directo en un pueblucho queriendo hacerse el simpático. Mejor “de casas bajas y señoras sentadas a la puerta en sillas de enea”.
Otro peligro, enorme (valga la paradoja): los diminutivos. Son como de niña pija sevillana (“ese niño es muy lindo, con su guitarrita…”). Me refiero a “en su rinconcito de siempre”, que además también es “suísta”.
Como sabrás por Buko, si me meto en detalle, es que me gusta el texto.
5.07.09 a 12:35
Jesu
Muchísimas gracias por los consejos, Jesús. Los pondré en práctica para las próximas callejuelas. De todos modos, estos textos hay que corregirlos para adecentarlos.
Y, por supuesto, me alegro mucho de que os haya gustado.