20.31 PM. Contamos con dos nuevos testimonios de víctimas de la automatrícula asesina que devora conciencias humanas. El primero de ellos es el de la joven Laurita, que vivía feliz y contenta por haber conseguido, gracias a una papa sobrehumana, colarse hasta tres veces seguidas en la automatrícula, siendo expulsada otras tantas veces. Hasta que por fin consiguió meterse hasta la cocina (es decir, hasta las asignaturas). Pobre infeliz, que en su inconsciencia no se daba cuenta que, mientras ella tradaba tres horas en elegir una signatura de LC, el servidor se volía a caer, hecho del cual fue avisado con anterioridad, y ella se fue al carajo detrás. No obstante, al minuto de caerse, volvió a hacer gala de una papa antológica, y se volvió a colar.

El segundo de los testimonios de hoy es el del Jesu, a quien su gran amiga Espe ^^ ayudó (o lo intentó) a hacer la matrícula. Tras 68716794797 intentos fallidos continuados, consiguieron rellenar todos los datos personales, con el mérito añadido de que lo hacían a través del MSN. Pero un contratiempo trágico surgió de repente: el número de la cuenta corriente. En vista de su desconocimiento por ambas partes, decidieron pasar al siguiente paso: las asignaturas. “¿Qué troncales coges?”, preguntó la Espe, y el Jesu lo vio claro: “Lo dejamos pa mañana, que no me quiero ver dando clase en Nervión”. Y así fue como el Jesu decidió llevar a cabo el plan que tenía previsto desde un principio: hacer la matrícula a las 3 de la mañana.

Dos historias con diverso final, que ilustran a la perfección la dispar suerte que corren aquellos que deciden adentrarse (por huevos, ya que no hay alternativa) en la tragedia de rellenar la automatrícula. Un saludo, amigos. Devolvemos la desconexión al arrozal.