llega un momento en que uno ya no se asombra con nada, y se cansa de ver y oir tantas barbaridades por ahí. la fauna avanza día a día, y se come el mundo. cada vez queda menos gente que hable con un mínimo de credibilidad y lucidez, por no decir inteligencia.

fanfarrones de medio pelo que presumen de lo que carecen sin tener donde caerse muertos ni una sola virtud que destacar, paquetillos que hacen las veces de chiste popular tirándose pegotes como si fueran poseedores de la fuerza que mueve el mundo, niñatillos enteraos escupiendo comentarios cual amos de la verdad absoluta… de vez en cuando entran ganas de decir “¿esto qué coño es?”.

presumes de tu coche, pero no sabes conducir y te comiste una rotonda. te crees más guay que el resto del mundo, pero eres el puesto de ostias del pueblo. vacilas de conocer gente, pero el otro día te dieron y te quedaste solo. te crees gracioso, pero no ves que la gente se ríe de tí, no contigo. pretendes darme lecciones de la vida, pero no sabes que todo lo que tú me digas ya lo sé yo. mte diriges a mí como si fueras mi padre, pero ni me conoces ni tienes ni puta idea de lo qué me pasa ni te imaginas lo que en este momento está pasando por mi cabeza.

luego los hay que se les llena la boca hablando de sí mismo. YO. van soltando comentarios sobre sí mismos, como si fueran personajes de la vida pública cuya vida interesara a todos. pero la verdad es que suele haber un importante porcentaje de “paso de tí y no me interesa tu vida”. aún así, los pobre paquetillos siguen dando información inútil a los demás, no se sabe si porque se creen el centro de atención o porque de esta forma pretenden conseguir dicho objetivo. una pregunta lógica: “¿qué me estás contando?”.

la dictadura de los inútiles toma el poder a un ritmo desmesurado, sin contención. paquetes con patas que en su estupidez piensan que han descubierto las américas, mientras otros pisan la luna y nadie se entera. esos son las sombras de este mundo, espíritus llenos de virtud pero invisibles a los ojos ciegos de este mundo opulento, corrompido y de cerebro embotado. quizá sea una pena, pero no importa. a ellos no les importa. no quieren que se les conozca. no quieren reconocer sus virtudes o su buen hacer. no son fanfarrones.

el por qué de todo esto no viene a cuento. lo digo con derecho, el que otros tienen a decir cuantas estupideces les place. seguramente, muchos pensarán que estas líneas también están plagadas de estupideces, y que yo mismo soy un inútil y un paquetillo. cierto. y lo afirmo y reconozco cada día. pero tengo algo que ellos no tienen: la certeza de que lo soy. por eso no presumo de ello, no soy un fanfarrón. si les molesta, una respuesta perfecta: “váyanse al carajo”.