Si vives en el Aljarafe Sur o paras por allí seguro que conoces la Esquina del Gato (conocida también como la “Esquina del Miau”), puesto que es uno de los barrios más conocidos de toda la realidad nacional aljarafeña, pero también el más deprimido, y su mala fama hace que mucha gente tenga miedo a pasar por allí.

Hoy me ha tocado repartir papeles por aquella zona, y me he llevado una impresión digna de contar. Conforme iba cogiendo la calle Payán Garrido parriba, iba encontrándome con gente cada vez más “baja”, como diría mi padre. Y como era la primera vez que iba, estaba cada vez más nervioso, si bien el pasar por calles larguísimas de casas preciosas, justo antes de llegar a los bloques, fue algo que me ayudó a quitarme el nerviosismo. Pero en realidad no había nada que temer, ya que una vez me adentré en ellos, ni me di cuenta de que ya había llegado. La gente sigue siendo normal. Salen de sus casas para ir a hacer los recados, te piden propaganda, te responden cortésmente si les preguntas algo, e incluso te saludan, todo lo contrario de la “gente del taco” de Mairena, que te mira por encima del hombro con el desprecio dibujado en la cara.

Pero lo que más llama la atención es el carácter popular del barrio. En pleno San Juan, un pueblo ya de por sí feo y asqueroso que se asemeja más a una ciudad (me recuerda a Tánger), puedes encontrar aún resquicios del aire popular de los pueblos de antes, en que la gente se sentaba en las puertas de las casas, y salía a la calle y sólo se recogía para comer y dormir. Allí viven en la calle, pero no porque no tengan techo, sino porque es un barrio popular. Me ha recordado mucho a Marruecos, donde hay un aprecio inusitado por los espacios públicos. Y también a mi antiguo barrio, donde todo el mundo se conoce y saluda, y donde para llamar a alguien basta con pegarle una voz pa que se asome al balcón, y punto.

Ahora bien, lo de “barrio popular” es un eufemismo muy usado en la prensa para maquillar la expresión “barrio bajo”, empleada por mucha gente. Vale, quizá sea un barrio bajo. Que sí, que las aceras y los portales están descuidados, que hay cristales rotos, que allí viven gitanos, gente que a lo mejor no tiene para vivir con grandes lujos, e incluso se ven enganchaos por las calles. ¿Pero y qué? ¿Por eso ya no se puede pasar por allí? Po mira, yo he estado hoy allí, me he encontrado con un montón de gitanos, y también de payos, y con enganchaos, y con kies, y ninguno me ha tratado mal. Me han saludado, y yo a ellos; me han preguntado por la propaganda, y yo le he respondido; le he preguntado por las calles, y me han contestado… Es más, nadie me ha mirado mal, y sin embargo en Ciudad Expo, donde vive “gente de orden”, como dice mi padre, no hacen más que lanzarme miradas de desconfianza. Curioso cuanto menos, ¿no?

No diré que sea un barrio donde me gustaría vivir, pero sí que eso de que “me da miedo ir porque está llenos de gitanos y jirómanos” es una tontería. Mi amigo Vidal y yo hemos ido hoy y hemos vuelto enteros. Lejos de todos estos mitos, la Esquina del Gato es un barrio que es más que un barrio: es una gran hogar que vive en comunidad. Un barrio de calle, cuyo espíritu invita a abandonar la vivienda y salir a la calle a charlar, cantar y, por qué no, a dar un paseo. Espíritu callejero, como el del gato que menea la cola sentado en la esquina del puente, el Puente de la Esquina.