Sobre el lío en gordo que hubo el jueves 23 de marzo en el Calderón se han dicho toda clases de pamplinas. Pero, sin embargo, nadie ha dicho lo más básico, elemental y lógico. Eso es porque nadie se ha parado a analizar los detalles, el contexto, o la “escena del crimen”.

No vi el partido, y me quedé helao cuando escuché que al Sevilla le habían pitado tres penaltis a favor (de los cuales falló dos…) y que al final había ganado 0-1. Y me asombré tanto porque lo normal es que hubiera sido al revés, que hubieran favorecido al Atlético (que además jugaba en casa) y perjudicado al Sevilla.

Digo esto porque es lo que siempre pasa. No sé qué clase de odio hay en la Federación, LFP, y/o/u otros organismos oficiales hacia Sevilla y sus equipos para que siempre sean los más perjudicados por los árbitros. La prueba está en, concretamente, cinco partidos del Betis la pasada temporada, curiosamente todos ante equipos “grandes” y, lo mejor, norteños (Espanyol, Athletic, Valencia, Madrid y Barça). Y también hay otra prueba en muchos partidos que el Betis ha jugado con el Atlético, en los que los árbitros han regalado algunos muchos puntos al equipo de la capital (véase Betis-Atlético y Atlético-Betis [2000/01], y Atlético-Betis [2002/03]).

Pero hablemos de los objetos lanzados por la plebe mandrileña (realmente son mandriles) al terreno de juego. Como era de esperar, el Comité de Disciplina Deportiva o lo que coño sea solamente ha culpado al Atlético con 3.000 luros, multa insignificante, y ha “prometido” cerrar el estadio si “la afición es reincidente”. O sea, que se lava las manos y mira para otro lado.

En plan de santo mártir, y como excusa, Pepe Murcia (que de chico iba pa presidente del Gobierno o pa Cervantes) dijo el viernes que todo esto ha sido obra de “una minoría a la que no hay que hacer caso, y por la que no hay que cerrar el estadio”. También pretendió refrescarnos la memoria alegando que “hay antecedentes en otros campos de España”.

Yo contesto al señor Murcia lo siguiente: si se refiere a los campos del Sevilla y del Betis, entonces no podemos hablar de un “minoría” de 10.000 personas (o más) como en el Calderón, sino de una sola persona (caso del loco de las bengalas del Ruiz de Lopera y del de la muleta del Pizjuán). y, sin embargo, a nosotros nos cayó una multa millonaria, y nos cerraron el estadio por cuatro partidos. y todavía podría hablarle de cierto Barça-Madrid al que asistieron un cochinillo, una botella de J&B y varias baterías de móvil como espectadores de lujo…

Y para colmo, saltan los enteraos de turno de los informativos (dícese de JJ Santos y su equipo de inútiles) para recordarnos otros casos en los que se paró un partido. Y sacan, cómo no, el Zaragoza – Barcelona de los famosos gritos racistas…

Señores, no me vengan ahora con demagogia y buenas maneras. ¿Por qué no me hablan de unos gritos que decían: “Sevillanos, chorizos y gitanos”? Algo en lo que nadie ha reparado, bendita casualidad. ¿Acaso no es eso ser racista con la comunidad gitana? ¿No es eso faltar al respeto a toda una ciudad y, por qué no decirlo, a todas las gentes del Sur del país del cual es capital la ciudad donde viven los anormales que proclaman ese cántico? Menudo ejemplo de unidad nos dan. Los que en verdad deberíamos decir “Puta Madrid, puta capital” somos nosotros los andaluces, que estamos extorsionados y empobrecidos por culpa de los norteños opulentos a los que servimos. Porque recuerdo a los catalanes que esos “catetos sureños” como ellos nos llaman levantaron su región durante los años de la dictadura. ¿O es que ya no se acuerdan?

Una vez más, un acto vergonzoso salpica nuestro fútbol. Pero no se preocupen, que hay están los medios controlados por la mitad norte del país para ocultar la realidad y manipular lo que quede de ella. Como conclusión, sólo me queda lanzar una pregunta al aire: ¿qué hubiera ocurrido si el escenario hubiera sido el Ruiz de Lopera o el Sánchez Pizjuán en lugar del Vicente Calderón?