Ayer domingo fue un día especial: con el fin de darle una sorpresa a mi Lolita, nos reencontrábamos después de mucho tiempo su marido, el gran Coke, y un sevidor. Por ello, el lugar elegido fue la Isla Mágica.

Pretendimos llegar pronto y así fue. Pero nos quedamos helaos cuando vimos aquella marea amarilla: miles de millones de gaditanos con la camiseta del Submarino Amarillo, y banderas por tos laos (colocadas por la dirección del parque). Resulta que era el “día del Cadi” y habían venido no sé cuántos trubuse importados de la Tacita de Plata.

El día será inolvidable. Nos montamos en todo lo montable, nos pusimos chorreando (yo varias veces, por vlountad propia y por la de otros), y asistimos un teatrillo muy simpático: Ombligogoma y Carapapa. Por otra parte, pasarán a los anales de la historia la cara de descomposición del Coke segundos antes de montarse en los cacharritos y mi memorable advertencia a la gente que se apelotonaba en la cola de “El Cubo”, justo cuando nosotros escapábamos de este bodrio inhumano: “Damas y caballeros, aún están a tiempo de salir corriendo”.

Para terminar, un video del Cadi repetío y tantas veces preccedió una actuación guapísima que fusionaba cante y baile flamenco, ritmos y danzas africanos y la obra y la historia del genial W. A. Mozart, tras lo cual vino el “espectacúlo” de “La Puerta del Tiempo”, muy guapo también. Luego acercamos a la princesa Lola de Montequinto al Prado, para acto seguido dirigirnos los dos personajes restantes a La Guarida (Ronda de Triana), donde estuvimos platicando hasta las 2.30.

De vuelta, varias amagos de salirme de la carretera, pero la estabilidad del Fiat Runo 320ri de Risca impidió la tragedia. Hora de llegada: 3 AM (Antes de Madrugar). Me quito las lentillas y las tiro al vater directamente. Pongo el reloj a las 8.30, pero opto por levantarme a las 9 y echarme agua fria por la cabeza.

Esta mañana ha sido brutal. Llamadas telefónicas, ajetreos, calles que no salen en los planos y un nuevo capítulo de mi guerra particular con los buzoneros de los grandes hipermercados, que ha traído un reguero de papeles de Hipercor y Carrefour esparcidos por las calles. La competencia es dura, señores.

Si bien la tarde ha sido peor todavía, con el cachondeíto de la puñetera automatrícula. La burocracia institucional, funcionando a pleno rendimiento en su continuo empeño por hacer las cosas más complicadas todavía.

En fin, un lunes de resaca en toda regla, peleándome conmigo mismo por no dar un cabezazo en cualquier sitio y ponerme a dormir la mona. No quiero cerrar esta entrada sin declarar a cierta persona que vamos parriba, que saldremos de ahí. Todo ello a pesar de que algunas veces nos quedemos helados al contemplar como las cosas se estropean de golpe de la noche a la mañana. Sin miedo, compañero. Con dos cojones, a torear la vida ;)

Un saludo desde el arrozal, mis pequeños triskitráncanos!!