Me informa mi gran compañero Lopy del espectáculo bochornoso que nos dedicó anoche la selección española de fútbol. Derrota por 3-2 frente a Irlanda del Norte. Pa tirarse por el balcón. Una selección que no es capaz de ganarle a uno de los rivales más débiles del continente difícilmente puede aspirar a algo más que a clasificarse para la Eurocopa.

Fallos en cadena de la defensa, goleadores natos (nótese la ironía) que lo máximo que hacen es darle al palo y un entrenador de tendencias alcohólicas que se autoculpa de los errores, algo esto último muy justo, pero que está mal por dos motivos: primero, porque exime de responsabilidad a los jugadores, teniendo también su parte de culpa; y segundo, porque por mucho que este hombre se eche las culpas a sí mismo, lo mejor para todos es que abandone de una vez el puesto.

Por otra parte, de nuevo asistimos al clásico ritual por medio del cual los diversos medios de comunicación (véase Marca, As, Antena 3 y, en especial, cualquiera que tenga que ver con aquéstos y/o/u JJ Santos) nos presentan a Irlanda del Norte como el temible gigante Goliat decacampeón del mundo (por lo menos) que nos va a comer nada más salir al campo. Esto no es más que una estrategia de autodefensa en caso de catástrofe.

Asimismo, ayer también asistimos a otros partidos de clasificación para la Euro 2008: un recital de goles de Inglaterra frente a Macedonia [0-1], la revancha de Francia (sí, sí, aquellos a los que les íbamos a meter la churra en octavos) ante Italia [3-1], y el paseo de Alemania sobre el cadáver viviente de San Marino [13-0], selección a la que nuestros héroes sólo pudieron endosarle cinki.

Un nuevo ridículo nacional, de esos a los que ya estamos acostumbrados todos (excepto el Marca). Menos mal que yo empleé el tiempo de forma más productiva… es decir, durmiendo.