Enlazando con lo que comentaba el otro día, en la última semana he tenido varios golpes de suerte dignos de mención que añadir a la lista de cosas que me pasan cada cuatro años bisiestos.

Resulta que en el miércoles y el viernes me salvé de sendas trombas de agua in extremis (es decir, por los pelos). El primero de los días, mi cabezadita habitual en trubú Minsilla 153 fue interrumpida a la altura de la Ciudad Aljarafe por el golpeteo en los cristales de la tartana de miles de millones de goterones cayendo a toda velocidad, lo que, así a ojo, debió de suponer 834872365487 litros al segundo. Bien, pues todo el camino se tiró así, hasta la entrada misma de Armanza. Y yo sin parachuzos de punta. Ya me estaba viendo corriendo a jierro pa mi casa, cuando en el mismo momento en que el chófer abre las puertas va y escampa por completo. Casi me caigo al suelo de rodillas para dar gracias al cielo, y nunca mejor dicho, por tamaño milagro.

LluviaPero es que el viernes fue mejor todavía. Encontrándome en la parada de Blas Infante (frente a la Jefatura), acaece el acontecimiento de que comienza a chispear en gordo, es decir, a goteonear. Yo, invadido por un súbito ataque de flojera y por un complejo de falta de manos para sostener todo lo que llevaba encima, me quedo estático contemplando ya el parachuzos, ya los primeros goterones resbalando por la piel de mis brazos. En vista de que la opción paraguas quedaba descartada, comencé a temerme una mojada monumental. Pero… ¡¡no!! ¿Qué es eso? No, no puede ser…. ¿Es posible…? Incredible and unbeliavable, trubú Minsilla 153 aparece por la esquina de Santa Fe dispuesto a salvarme de la tromba que, una vez dentro, comenzó a arrasar la calle.

Tras esto, sólo me queda una incógnita, que no por ser una es más fácil de responder… ¿cuánto me durará la suerte? Jummm…. Seguiremos informando ^^