NOTA: Niños, esto es un spoiler, no sigáis leyendo.

Éste es el relato de algo que nos ha pasado a todos: el día en que nos dimos cuenta de que los Reyes Magos no eran más que una leyenda. He aquí cómo le sucedió a una amiga de mi prima.

Resulta que la pobre chiquilla no contaría más de cinco añitos, cuando la llamaron a las filas de pajes de la carroza del Rey Melchor, en la cabalgata de Málaga. Y ella to ilusioná, con los ojitos brillantes de emoción, por tener la oportunidad de estar al lado de Su Majestad de Oriente.

Pero esa tarde iba a suceder una tragedia. Resulta que uno de los pajecillos que, junto a ella, acompañaba al Rey Melchor, se quedó sin caramelillos, por lo que optó por pedírselos directamente al monarca, de la siguiente forma:

“Manolo, que se me han acabao los caramelos, dame otra bolsa”.

La pobre de la chiquitina, que estaba al lado tomando fiel nota de todo cuanto acontecía, sufrió una decepción tal que casi se pone a hacer pucheros en la misma carroza. ¿Cruel? Sí, un poco. Pero bastante gracioso.