Bueno, bueno, bueno. El día de hoy ha supuesto la ruptura de la “rutina” navideña, para mí y para muchos (que no para todos, porque se han visto tangues por doquier). Al parecer, todo iba a ser como de costumbre. Pero la primera sorpresa me la llevé en el Tussam: habían limpiado los asientos. Maravilloso, señores.

Luego, fui testigo directo de la nueva innovación tecnológica de fcom: una máquina para mojar abrillantar limpiar mojar el suelo, no sé con qué objetivo posterior. Llegué a las 7.35 AM (After Madruging), y aparte de percatarme de la ausencia de alma alguna en el interior del edificio, pude ver de lejos el susodicho aparato. Pero poco podía imaginar yo que la falta de vida humana en el vestíbulo era causada por el inmenso ruído que hacía el trasto ese. Fue entrar y esfumárseme la caraja mañanera de golpe. Suplicio hube de pasar…

Al rato grande cortó la limpiadora el chisme ese, y se dedicó a repasar con la fregona por los mismos sitios por los que había pasado con la máquina, y en los cuales había ido dejando un reguero de ¿agua? ¿cera? ¿baba de caracol que rejuvenece el tejido facial de la solería? La duda se extendía en mí. Al instante apareció la niña Mila, tan dicharachera ella como siempre. Le informé de lo que acababa de perderse y deprimióse ligeramente la inocente muchachilla.

PaquitoPosteriormente, más encuentros, noticias, relatos, bromas, ¡ay surmano!, ¡feliz año, pichita! Y ya llega la hora del gran acontecimiento: Paquito Mountain. Magistral clase de dos horas, en las que nos aburrió mostró los entresijos del Sistema Global de la Información [SGI], estando lo mejor aún por llegar: la intervención de su primo Pancho Sierra (es decir, él mismo pero en melenoso), ofreciendo una interesante charla en un programa del Tecnológico de Monterrey (México), en las que nos disertó acerca del SGI, de la Comunicación Social y de la posible repercusión de la ciudadanía en dicho sistema. En definitiva, una enrollaera histórica, pero aliñada con el hito de ver al gran Paquito luciendo su lustrosa melena en los círculos estudiosos más influyentes del planeta, algo que no sucede todos los días.

Claro, que hay cosas que no cambian. El Tito Llama sigue siendo el crack de siempre, cantando a viva voz por los pasillos. El Sheriff continúa cultivando su estupidez a conciencia. En la sala de lectura se sigue haciendo de todo menos leer. Y el desmantelamiento de las aulas de informática perdura día tras día. Hallábame sentado con el Fernan ante un PC que no arrancaba ni a pedales, por lo que hubimos de recurrir al método APO (a porrazos con él). Tras conseguir, eficazmente, que furulara, me dediqué a tamborilear suavemente con las palmas de las manos en la mesa. Pero cuál sería mi sorpresa (y la del pibe que estaba a mi otro lado) cuando sentimos un estruendo metálico. Efectivamente, la mesa se estaba cayendo a trozos. Apága y vámonos, Fernan…

picture002.jpgVisita al comedor. Visita temprana, a la 13.00 PM (Pre-Manjare). El Pablo y yo haciendo el ganso a discreción, para delicia de la Ana, y también de la camarera del cátering, quien, según nos declaró en exclusiva, agradecía tanta vitalidad, puesto que está harta de los huevos que se gasta la gente los lunes. Tal simpatía, como no podía ser de otra forma, vino recompensada en forma de un flamenquín adicional. ^^

Como no podía ser de otra forma, encuentro social en el comedor, y correspondiente pechá de reir. Además, aprovechamos para realizar una de nuestras investigaciones culinarias. En esta ocasión, lo que probamos fue las papas frías-sosas-plastificadas con guyú natural. Delicatessen.

Más tarde, visita a Teko fcom. Y no sé cómo no nos echaron. La Ire de Valencina desahogó su furia interna al propinarle una solemne patada a la puerta de la biblioteca. La Ana pagó su desquicio dando porrazos en la mesa con el portátil. Y de nuevo la Ire la liaba con el móvil sonándole a toa leche.

Luego hubo una diáspora general. Poco sucedió tras ello, como mi chanchullo con el internet, al quitar el cable de conexión ADSL de un PC del aula de informática para ponérselo al portátil. Sin éxito, por supuesto. ¿Acaso lo dudábais?

Sé que este relato se ha alargado más de lo debido, pero es que el día ha dado para mucho. Así pues, desde el arrozal, una absurda historia más.