Cáncer de papaAtención, señores. He llegado al final de uno de mis trabajos de investigación, en este caso el que dedicaba a descubrir la ausencia de huevos Kinder como postre (o primer plato, por qué no) en el comedor. La prueba clarividentemente definitiva ha aparecido ante mis ojos hoy, mientras comía un suculento plato de carne de -ponga aquí su animal preferido- con papas calientes (sí, calientes, no estoy de coña ni medio sobao).

Hallábame apurando la susodicha carne, tras lo cual pretendía ponerme a escarbar en la salsa por si me había dejado algún trocillo, cuando de pronto… ¡oh, ai cant bilivit! Un champiñón. Maravillas de la tecnología culinaria sólo disponibles en fcom sevilla.

Así, llegué a la clonclusión de que en el comedor no hay huevos Kinder porque estarían totalmente fuera de lugar, ya que la sorpresa te la puedes encontrar en cualquier plato.

Y lo mismo que te puedes hallar un ingrediente exótico (eufemismo de “¿qué coño hace esto aquí?”), puedes encontrarte de improviso con un magnífico ejemplar de cáncer de papa. Si no se lo creen, atiendan a la foto.

En realidad me siento como un estúpido, ya que, habiendo antecedentes como los que hay, no sé cómo no he caído antes en ello…