Bueno, seres, personajes, y demás fauna específica y extranjera que visita el Reino del Arrozal. He recibido algunos toques de atención (Charles, no sé a quién mirar… =P) por no postear durante estos dos últimos días. Pero la verdad es que no he tenido tiempo ni para bostezar, porque los exámenes están aquí ya y hay que darle bien a los apuntes, o si no va a venir Paquito y nos va a poner a todos mirando pa Gelves.

Pero hoy, tras un lunes de muerte, que no he parado ni para mirar la hora, voy a premiar vuestra fidelidad (me ha visitado mucha más gente en estos dos días que en días en que he posteado tres veces) con una creación de las mías, escrita en Agosto, y cuasi inédita, pues sólo la conocen algunos afortunados que la leyeron en LA ESTACIÓN o que la tienen por habérsela pasado yo personalmente. =P

Espero que os guste. =)

Grillos en la regaera

Po no que hoy he ido a lo del INEM (ya que es un lugar de reunión habitual para los periodistas) y me encuentro allí a la chicharra. Y a to esto que le digo: “Cabecita, cabecita, ¿tú qué es lo que haces aquí?”. Y me salta: “Po na, que me quedao en paro, que me han quitao el puesto”. Y sí, la verdad es que ya no canta nuestra chicharra a la hora de la siesta, cuando la calor mala, que ahora los que lo hacen son los grillos.

No teníamos bastante con los moskitráncanos (mosquito kamikaze común), las crucrachas, y demás fauna urbana, que ahora nos invaden los grillos. Debe de ser eso del turismo rural. Sólo que en vez de venir hordas de japoneses con las camaritas vienen plagas de bichos. Y hablando de japos, dicen que esa gente se pone como loca cuando ven un grillo porque, con las conglomeraciones urbanas que hay allí, lo cierto es que es muy raro ver uno. Po venirse pacá, que se vais a jinchá.

Esto ya empieza a ser molesto porque es que han cogío los tíos y se han adueñao de mi casa: grillos viendo la tele en el salón, grillos cambiando los muebles de sitio, el cuarto baño que es el guadalpark de los grillos, los grillos que juegan conmigo a la play, los grillos que se van a dormir la siesta con mi viejo. ¡Mamá! ¡¿Qué hay de comer?! ¡Papascón! ¿Papas con qué? ¡Papas con grillos, niño! ¿Con qué va a ser?

Y además to pesaos los bichos. Que me acuesto la otra noche y escucho a lo lejos, como si estuviera ya en el quinto sueño……. cri……… cri…….. Y me voy relajando, relajando…….. ¡¡Cri cri cri cri!! Una orquesta de grillos tocando un concierto en Dolby Surround. Y en esas entremedias veo salir de debajo de la almohada una hilera de bichos bailando la conga del jalisco. Y los otros ¡¡CricricricriCRICRICRICRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!! Y yo to desesperao perdío cojo y meto la cabeza en un cubo de agua. Y cuando parece que por fin me he librado de ese horrible ruido……. sí, hay está él to vacilón: un grillo nadando to feliz en el cubo y saludándome con la antena.

Y lo más gracioso fue cuando me levanté por la mañana con toas las ojeras y dije “ea, que por lo menos por la mañana se callan un rato”, cuando de repente escucho un leve sonido…. a ver…. sí, aunque no puede ser… es un leve cri cri que crece por momentos… lo sigo y cuál es mi sorpresa cuando hallo ¡¡un grillo en una regaera!! Como una regaera estoy yo ya con tanto bicho……..

No sé si este relato basado en hechos reales les está resultando gracioso, pero les aseguro que lo que sin duda me lleva a redactarlo es la locura que me invade por momentos. Ya tengo complejo de grillo, o de crucracha o de yo qué jé, que no digo hola, digo wilifriski. Aunque lo peor es el hambre que me da el hablar tanto de bichos. Po mira, voy a picar un platito de papas con grillos, que lo mismo está sabroso………