Hace tiempo que dejé de creer en lo que muchos consideran Arte, en lo que las élites compran a golpe de talonarios en forma de Pollock, Miró o sucedáneo de unos movimientos que como teóricos dieron mucho juego pero que al final podríamos reducir a 4 o 5 personajes que realmente valiesen la pena (Picasso, Dalí, Kandinsky, Duchamp -mal que me pese- y algún futurista…).

El caso, es que leyendo el otro día los apuntes de Surrealismo, los manifiestos de Breton y demás pamplinas encontré que una de las máximas del movimiento post-dadaista era la de unir objetos que no tengan relación en un medio ajeno al de ambos para llegar a una idea que destroce la razón y forje un nuevo orden en las mentes, la verdadera libertad. Esta actitud no está exenta de provocación y busca sorprender y jugar con el espectador.

Bueno, sin duda, esta idea me lleva a aquel video archiconocido que se grabó hace unos años. Disfruten y preparen las mandibulas.

Como veis, se mezclan elementos dispares, mechero y huevo en un medio ajeno a ambos… el cuerpo del tio que es entrevistado. Y acertó Breton, sorpresa, provocación se exhalan de la escena… jajajaja. Un huevazo nunca estuvo más acertado.