Hoy, en un descanso que he hecho mientras terminaba el trabajo de Documentación Informativa he abierto la antología que sacó Númenor sobre la obra de Miguel d’Ors hace unos años y que se titula “2001 (Poesías escogidas)“. Ya sabéis de mi pasión por este poeta así que como muchos ya me sufrís lo suficiente a diario no diré mucho más. Cuelgo este poema (con todo el respeto que ello conlleva) y a ver que sucede.

Variación sobre un tema de Günter Kunert (>)

Un cadáver de bruces
en medio de una calle.
De repente
se incorpora hacia atrás. El borbotón de sangre
se encoge, se reabsorbe; se sutura
en su camisa el agujero rojo
por el que entró la muerte.
(La bala habrá salido ya, invisible,
del pecho de ese hombre
para volver al interior oscuro
de sabe Dios qué arma no disparada.) El hombre
llega, andando hacia atrás, hasta la acera,
mira después, prudente, a izquierda y a derecha,
fuma -pero al revés, recogiendo en su boca
la previa nubecilla de humo-, dobla
con rara habilidad un par de esquinas,
desenciende y se guarda el cigarrillo,
llega a una casa y se abre la puerta tras su espalda:
una mujer, un perro con inquietas
maneras de cangrejo, varios niños.
Besos, manos, sonrisas, y la puerta
cerrándose de nuevo sobre ese casi nada
que ahora ya comprendemos que lo es todo:
unas cuantas costumbres con tibieza de nido,
un pequeño nosotros y un poco de ternura
con acompañamiento de ladridos.

28-I-98

De “Hacia otra luz más pura”, de Miguel d’Ors (1999) y recogido en la Antología.