El otro día estaba manteniendo mi madre con mi abuelo una conversación que al principio no me llamó la atención, pero en la que pronto metí baza. Resulta que mi abuelo había dicho que la vecina había pasado cargada de trozos de gomaespuma, y mi madre afirmó, añadiendo que lo había dejado todo al lado del contenedor, y fuera del mismo, y concluyó relatando que más tarde pasaró el camión de la basura y los operarios dejaron allí todo lo que estaba fuera del container.

Po eso no es así“, comentó mi madre. Y yo, que hasta entonces había escuchado con impasibilidad decreciente, no me pude contener: “Po eso sí es así, mamá“, contesté.

Mi madre defendía que el camión de la basura debe llevarse todo lo que haya. Pero yo me muestro muy en desacuerdo con eso. Muchos creen que la tarea de los operarios de recogida de residuos es limpiar todo lo que encuentren a su paso. Pero no, no es así. A estos trabajadores se les ha encomendado el recoger SÓLO lo que está dentro de los contenedores de basura, y no lo que la gente irresponsable deja fuera.

Todo esto no viene porque sí, sino que tiene una explicación lógica. Como ya sabéis, yo vivo en una urbanización (no es privada ni nada, tan sólo es un barrio residencial). Y ello conlleva unas ventajas evidentes, pero también unos inconvenientes muy molestos. Y el principal no es otro que la gente delicada. Sí, mis amigos, como lo oís. La gente resfinada que es muy cool y tiene demasiado caché para sacar la basura a su correspondiente hora. Porque hay una hora para tirar la basura: de 19 a 22 h. Pero esta gente es tan tonta que parace que no se entera.

Y entonces, como eso de ir andando a los sitios es muy vulgar, lo que hacen los delicaditos estos en lugar de coger la bolsita de basura y andar veinte metritos (ni Fidípides, oiga) es dejarla en el patio para, al salir por la mañana rumbo al trabajo, ponerla en el parabrisas (una moda que causa furor entre los delicaditos de mi urbanización, y que ya comenté) y llevarla hasta el último contenedor, el de la salida de la urbanización, que me coge de paso.

Algo incorrecto, porque la hora a la que está permitido tirar la basura es las 7 de la tarde, no de la mañana. Pero es que, además, eso lo hace éste, y ése, y aquél, y el otro, y el que vive en la esquina… con lo cual, cuando llega la hora de pasar el camión de la basura, está el contenedor hasta la mismísima bola. ¿Y qué pasa cuando el contenedor está lleno? Pues que los delicaditos, en lugar de buscar otro que esté más vacío, lo dejan en el suelo, que es más cómodo y fácil. De todas formas, qué más da, ya lo recogerá alguien.

Esta es una actitud maravillosa, como podrán ustedes comprobar. Pero está complementada por otras cositas, como que la gente, que es muy fisna, ni siquiera se preocupa por apagar las brasas de las chimeneas antes de tirarlas, con lo cual ya se han quemado unos cuantos bombos de basura a causa de esto. Ello provoca que el déficit de contenedores sea aún mayor, y la solución de los delicaditos no es otra que (esta vez sí) andar 50 metros, agarrar el contenedor que corresponde a mi calle, y llevárselo a donde estaba el que se ha quemado. Magnífico.

Y ahora, además, 50 % de rebajas en flojera. Si lo de sacar la basura en coche ya es para repartir palos, últimamente le está dando a la gente por tirar las bolsas a pelo, es decir, sin ni siquiera bajarse del coche, sino arrojándolas, a ver si encestan. Y si da la casualidad de que no aciertan, pues que le den. Ya lo recogerá alguien. Y así podemos encontrar estampas como ésta:

Basura en la calle

¡Hala, venga! ¡Ahí, en todo el medio de la calle! ¡Menudo ejemplo de ciudadanía! Luego dirán que si los niños salen medio jilipollas. Si tienen unos padres que son jilipollas del todo, no me extraña.

Lo más gracioso de todo esto es que los mismos que incumplen las normas y dejan sucia la calle con su irrespetuosa conducta son los que luego se quejan de que “hay que ver lo sucio que está todo y lo poco que trabajan los basureros“. Tiene cojones… Señores, primero colaboren, y luego, si ha lugar para ello, quéjense. Pero no den más porculo.

Todo esto me llevó seguidamente a reflexionar sobre las consecuencias de hipotecar el futuro de un pueblo mediante la especulación y la construcción indiscriminada de viviendas, y convertirlo, por ende, en un pueblo dormitorio como ya es Almensilla (característica que se remarcará mucho más en el futuro).

En una localidad en la que se invierte en infraestructuras, negocios, servicios, industria, etc., como es, por poner el ejemplo perfecto, Mairena del Aljarafe, la gente deja dinero: compran en las tiendas, invierten en las empresas (las del Polígono PISA, por ejemplo), salen por el pueblo a divertirse…

En cambio, en un municipio construido a base de ladrillazo, la gente no va a otra cosa que a dormir, o en todo caso a pasar el fin de semana. No compran, porque la comida la traen de fuera. No salen a divertirse, porque no hay dónde hacerlo. No invierten, porque no hay empresas, sólo casas. En definitiva, que en los pueblos dormitorios no se queda el dinero, y sí los gastos. Como es el caso que he expuesto aquí, en el que la gente deja residuos y más residuos cuando se van por la mañana a dejar dineros en Sevilla y otros pueblos, o a hacer crecer sus empresas.

Creo que es un interesante debate, en lo tocante a ambos temas. Me interesan sus opiniones, ya que son asuntos que a todos, quien más, quien menos, nos afectan de lleno. Ánimo, y a debatir.