[Antes que nada, perdón por el tocho…]

Como me gusta ir tardelli a todos lados, pues esta entrada va con un mes de retraso. Indispensable, oiga. Pues bien, hace muuucho, muuucho tiempo, en el reino de Muy Muy Lejano (sin premio) aparecía en EL PAÍS… vale, y ahora viene la parte en la que me cago en los diarios de pago por no dejarme enlazar a la noticia… pero bueno, siempre está el recurso, muy a mi pesar, del tito Fede… en fin, que he aquí la noticia en la que el gracioso de Pere Navarro (director general de nuestra amada DGT) afirmó que el hecho de que 160 personas que han perdido más de 20 aún sigan campando por las carreteras es algo que “crea cierta inquietud”. Cierta, ¿no? Pues a mí no me crea cierta, sino muchísima inquietud, señor Navarro.

Lo que no sé es a qué juega la DGT con la mierda del carné por puntos. Nos vendieron esta medida como la panacea contra las muertes y las infracciones de tráfico, pero ahora vemos que, aunque las muertes hayan descendido (o eso es lo que nos quieren hacer ver), de las infracciones nadie habla. ¿Y por qué? Porque, como vaticinamos algunos en su día, los cafres al volante siguen haciendo de las suyas.

Desde que comenzaron las obras en la rotonda de entrada a Almensilla, he encontrado un remedio contra la caraja matutina (pero matutina de las 6 de la mañana, no como la de algunos, que son las 12 y parece que se acaban de levantar), algo que además supone para mí un gran entretenimiento (de hecho, ya lo hacía desde antes, pero ahora es mucho más divertido): contemplar cómo la gente hace el becerro con el coche.

Veréis. Resulta que, con las obras, han tenido que cortar la mitad de la rotonda, por lo que el espacio que queda es de tránsito en doble sentido, separado por una hermosota línea continua en amarillo chillón. Pues bien, aún hay gente que o bien tiene los ojos mal graduados y no ven la línea continua, o es que ya directamente no se entera de que en España se conduce por la derecha. Y es que estoy harto ya de ver cómo los señores se comen toda indicación y se mete por el carril contrario. Todo ello, por supuesto, condimentado con una entrada triunfal en la intersección a 60 o 70 km/h. Y teniendo en cuenta las obras, el doble sentido y que la rotonda no es precisamente de cinco carriles

Los que más putas las pasan son los trubuses, sobre todo el 153 que es un gusano (o vehículo de motor articulado autopropulsado por combustibles fósiles muy contaminantes y destinado al transporte de personas humanas o sucedáneos, si les gusta más), y tiene que hacer malabares para pasar. Pues una de mis momentos más LOL (que diría Buk) fue cuando un tío que tenía que ceder el paso al autobús, porque éste ya estaba en todo el medio de la rotonda, se metió flechao, sin mirar. Y como el autobús se ve obligado a pisar el carril contrario, o si no no hay huevos de pasar, pues casi se come al tío. “¿Y dónde está la gracia?”, se preguntarán ustedes. Pues en que el capullo del turismo, encima de que no respetó la prioridad de paso, le propinó una sonora pitada a al chófer del autobús. El día que no tenga tanta suerte y coma autobús para los restos, este hombre (sí, Esther, Vázquez y demás, era un HOMBRE) aprenderá una valiosa lección: el sentido de la proporción.

Y si por casualidad vas a cruzar por algún sitio cercano a la rotonda, mira para los dos lados (incluso para el cielo, pa porsi), aunque la vía sea de sentido único. ¿Que por qué? Porque hay más coches en contramano que en mano buena. Todos al revés. ¿Tendrá esto algo que ver con el cambio climático?

Claro, que Almensilla es un pueblo chiquenino, y llegados a un punto quieres más divirsión. Así que te vas a Sevilla, que es el reino de las cosas que van como no deberían ir. Y allí, donde impera la ley del taxista, te encuentras a docenas de estos energúmenos yendo a ñiaun por hora, aparcando donde les sale de la puta del dedo chico del pie izquierdo, saltándose los semáforos, los stops, la prioridad de paso, y hasta los pasos de cebra. Y si tu vas cruzando por uno de ellos, aceleran para que no pases (o para atropellarte si osas hacerlo), y encima te pitan y te dicen lo primero que te venga a la cabeza (“¡Ónde vas, jarto viví!”, o algo por el estilo). Y todo con la complacencia de la Policía Local, que no hace nada aparte de dejarse las uñas largas (para rascarse los huevos a distancia).

Y bueno, ya para qué hablar de los putos canis de mierda que van metiéndose entre los coches a toa leche con las motillos (el casco en el codo, que no falte), o avasallando a los demás con los Astra GTC, los Ibiza y los León. O de los graciosos que aparcan donde en línea amarilla, o en la acera, o en medio de un carril, o en doble y triple fila. Así están La Cartuja y Reina Mercedes como están.

Con esta fauna suelta por las calles y las carreteras, comprenderá mi amigo el señor Navarro que mi grado de preocupación no es “cierta”, sino “un chorro”. Pero claro, este caballero y su panda de omitiré el adjetivo, en lugar de adoptar medidas contundentes para atajar este problema, lo único que hacen es pasarle la bola [ver en el mismo artículo] al Código Penal y la “divergencia” entre las leyes españolas y las europeas (¡ah, Europa, divino espejo en el que siempre mirarse…!).

Bueno, miento, que sí que toma medidas. Para hacer frente a todo esto, la DGT cuenta desde hace años con un plan estrátegico basado en la amenaza y en la intimidación. Si no te pones el cinturón, te multo. No digo que yo no vaya a hacerlo, porque no me quiero matar, pero… ¿y si me diera igual? ¿Qué les importa a ellos? Y cuando digo “cinturón” es como si dijera”casco”. ¿Qué pasa, que tienen miedo de que nos matemos porque van a perder un contribuyente del Estado, esto es, sueldo para ellos?

Para que ustedes vean un ejemplo de dicha política represiva, he aquí la última campaña de la DGT, la cual me parece insultante al respeto y a la dignidad del espectador. Me entristece que se despilfarre el dinero público en hacer spots tan estúpidos como éste:

El pilar básico de la estrategia de la DGT son los radares. ¡Venga radares! Y venga a gastar millones en ellos. Claro, que luego el dinero se amortiza, de eso no quepa duda, a base de multazo gordo. De ahí su importancia: coger dineros… digo… penalizar a los infractores. Con esta coyuntura, no me extraña que Navarro afirme en público que “diez radares harían el mismo trabajo que toda la Guardia Civil”. Entreveo en sus palabras sus ansias, y las de toda la DGT, de emplear en otro sitio a los guardias civiles, y así quitarse de en medio la huelga de bolis caídos, tan molesta para los dirigentes de Tráfico, y que tantos ingresos está restando al Estado. De todos modos, los radares no cobran, no descansan, dan más dinero y, lo más importante, no se quejan.

Aunque claro, también hay algunos mandos que se empeñan en hacerle el juego a la DGT y joder a sus subordinados, como éste.

Y cómo no, dentro de los estúpidos planes de la DGT entra el procedimiento de cargarle el muerto de los problemas del tráfico ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE al conductor. Creo que ya me expresé claramente aquí, pero después de escuchar por parte de la DGT recomendaciones tan estúpidas como ésta, es que me entran ganas de soltar otra retahíla. A ver, señor Navarro, deje usted de decir tonterías, y de inventar términos como el de violencia vial (como si los conductores fuéramos por ahí endiñando patadas o pegando tiros…), y abandonde de una puta vez su política acusatoria y generalizadora que nos identifica a todos los conductores como criminales. ¿De verdad cree usted que evitando la compra de coches de gran cilindrada la gente va a correr menos? Si de todas formas, quieras o no, con la mierda de carreteras que tenemos, vamos a tener que ir por cojones a 50 ó 60 como mucho, si no queremos comer tagarninas (que, aunque estén deliciosas, me gustan más en sopas que en la carrocería de mi coche). Y además… ¿acaso tienen que ver todas las infracciones con la velocidad? Yo creo que no, y lo he demostrado con lo dicho más arriba.

Esta visto y comprobado que el señor Navarro no tiene ni puta idea sobre conducción, tráfico o asuntos relacionados, porque barbaridades como las ya apuntadas y otras perlitas como la de que nos busquemos itinerarios alternativos para evitar los accesos a las grandes ciudades. Cuando yo oí eso, me pregunté lo siguiente: ¿se está quedando este tío conmigo? Es lo único que se me ocurre, porque ya me dirá el pibe éste cómo coño encuentro yo un itinerario alternativo en el Aljarafe. Lo dicho, que este tío no tiene ni idea. Bueno, excepto acerca de una cosa: de seguir aplicando sus planes de seguridad milagrosos a todo los ámbitos posibles. Eso sí, eso de invertir el dinero recaudado con los multazos en arreglar las carreteras y poner más elementos de seguridad en ellas, poquito.

En definitiva, señores, y como diría Coco, hoy hemos aprendido a distinguir entre rentable y eficaz. Veámos un ejemplo claro: la estrategia de miedo, amenaza e intimidación de la DGT es muy rentable en términos de recaudación, pero en lo que se refiere a erradicar las barbaridades al volante, no es muy eficaz que digamos…

POST SCRIPTUM >>> Perdón por el tocho!!