Buenas!!! Como hace días que no poste, y en vista de que no tengo nada interesante que decir, aquí os dejo uno de esos relatos paranoicos de mi época del instituto, los cuales reciclaba en forma de trabajillos de literatura. Espero que os guste.

**********

– Situación kafkiana – Absurdo desesperante nº 1 –

EL EXAMEN DE FILOSOFÍA

… en definitiva, no sé para qué voy a hacer el examen, si lo único que voy a hacer es ratificar mi suspenso. Toda la gente está la mar de nerviosa, pero en verdad seguro que van a hacer un pedazo de examen. No comprendo esa manía de la gente por aparentar lo que no es, en todos los sentidos. Deberían quitarse las máscaras. Eso es sólo apariencia… ¡Ah, po mira, después de todo se me ha quedado algo!

Ea, ya está aquí el tío este. Jorge, no te vayas, por favor, te necesito a mi lado para que me des fuerza psicológica, y que de paso me enseñes un poco el examen, vaya. Afú, vamos a ver las preguntitas… un texto, vale… el contexto, mu bien… ¿Aristoqué? ¿Éste quién es?

Comienza el examen. Bueno, antes que nada, poner el nombre. Vale. Miro decorosamente hacia mi derecha y mi mirada recorre en derredor la clase. Se me escapa un imperceptible gemido como el de los perros cuando les pisas el rabo al comprobar que la gente le ha metido el turbo al boli. Intento concentrarme en el papel, aún en blanco, pero sólo consigo escribir unas cuantas líneas sin sentido. Agotado mi “Repertorio de Tonterías” de la Universidad de Camèmbert de Almensilla, procedo a la reflexión intrahumana en completo silencio. Paradójico es el hecho de que aún no me haya dormido.

Ojiplático, contemplo las paredes y el techo de la clase, con sus tres chicles pegados de siempre. En un corto espacio de tiempo, que a mi se me hace eterno, comienzo a vislumbrar las imágenes que la Idea proyecta en el Mundo de la Percepción. En un principio llego a pensar que la Filosofía me ha afectado demasiado, aunque pronto concibo una teoría más racional, que atribuye estos desvaríos mentales a la falta de sueño.

¡Eh, algo se ha movido entre aquellas dos mochilas! No puede ser… ¿Es posible? Fijo un poco más mi atención, descubriendo de esta forma algo realmente insólito: un hilillo de cucarachas discurre por la clase bailando la Conga del Marisco. De repente, todas vuelven su atención hacia mí, y la que parece su líder (porque es la que más petada está) me encara. ¡Mira quién es…! Ahora descubro que no era que estuviese más petada, sino más gorda: se trata de Platón, que se ha convertido en cucaracha y me dice “¡Wilifriski, wilifriski!”, justo en el momento en que se convierte en una voluta de humo, se esfuma y se convierte en Demiurgo, quien en lugar de soltarme “¡Wilifriski!” proclama “¡Bebe whisky!”.

Finalmente, agotado al ver tanta gente escribiendo a todo correr, me levanto y entrego mi examen. Hago mi última reflexión al salir por la puerta, atribuyendo todos estos singulares desvaríos al síndrome de abstinencia. Mejor no leer tantos libros…