Bueno, ya os lo adelantaba en un comentario en mi último post: que no iba a tardar mucho en volver, y que todo era cuestión de que me picara el ánimo por tener algo que contar. Pues bien, ahora que por fin me quito de los ojos la venda de la tristeza y el ahogo, ahora que por fin puedo ver con claridad los pasos que debo dar en el gran camino de la vida, y ahora que estos pasos los doy sin algunos lastres, pesos y obligaciones que hasta hace poco he llevado -pero con los que que jamás debí cargar-, ahora, una vez que me he deshecho de todas las cosas pasadas que no merecían la pena, miro adelante, y afronto con ilusión y fuerzas aún no plenas, pero sí renovadas, el futuro que me aguarda. Un futuro cercano de esfuerzos, de dedicación íntegra a una causa, la de los estudios; un tiempo para demostrar al mundo que sí puedo hacer grandes cosas. Y también un futuro no tan próximo, pero tampoco lejano: ese tiempo en el que, casi sin darnos cuenta, volverán a sucederse los días felices, en los que la brisa mecerá nuestras almas y nosotros volveremos a dejarnos llevar por el canto de sirena que acompaña a las jornadas ociosas y diáfanas del estío.

Esos días vendrán pronto, más no aún, pues antes queda la dura prueba de fuego, en la que nos jugamos todo en varias cuartillas de papel. Sin embargo, ¿quién dijo miedo? Este mes nada tiene de sombrío. Juno, desde su trono de reina de los dioses, protege a las madres, a las mujeres, a los comprometidos con cualquier tipo de causa. Ciegos son quienes no contemplan su belleza y bondad, que envuelven el mundo en estos días.

Destellos de Junio, un tiempo para ver, para vivir, para comprender que no hay que obstinarse en culparse a uno mismo ni encerrarse en los oscuros recovecos de la tristeza y el dolor…

… sino que hay que levantarse ante la adversidad, luchar, vencer, y volar alto, lejos, libres…

… hasta alcanzar la luz antigua, la que siempre nos guió, la que nos hace fuertes…

… esa luz que siempre brilla, que no deja sombras, la luz que lo cubre todo a su paso y nos hace ver…

… que detrás de los obstáculos que nos hagan tropezar, siempre habrá un nuevo compañero dispuesto a llegar con nosotros hasta el final…

… y a brindarnos el apoyo y la fuerza que sólo son capaces de otorgarnos los viejos y grandes amigos, aquellos que, cual sombra de uno mismo, jamás cejan en su empeño de conquistar a nuestra par los sueños que se perfilan en el horizonte de nuestras vidas.

Y así, con ligereza de ánimo y decisión, afronto los días que se plantan implacables ante nosotros en el calendario. No hay que tener miedo, sólo valor. Y con valor vuelvo yo a la aventura cotidiana, y a la ardua empresa de coleccionar vivencias en este blog y compartirlas con vosotros, fieles compañeros y ya amigos, que supistéis estar conmigo en las buenas, pero también en las malas. Me distéis apoyo, ánimo y palabras bellas en la hora infausta, y esperásteis pacientemente, como el perro fiel al amo ausente, mi regreso, y eso no se paga con palabras, sino con hechos: aquí estoy, de nuevo, para quedarme. Sé que todos vosotros os alegraréis, y sé que a otros les escocerá, pero a mí me da igual: yo voy a vivir mi vida sin condiciones, libremente, haciendo lo que más me gusta, que es disfrutar de los pequeños detalles y las grandes alegrías, riendo, como sólo los que siempre han estado a mi lado me han enseñado.

Gracias a todos, por estar ahí siempre.

De regalo, y para intentar contagiar los buenos ánimos al personal, os dejo una canción de Milky, titulada In my mind, que ya tiene sus cinco añitos (es de 2002, pero en España la licenció Tempo Music -RIP- en 2003 como su segundo single), pero que resulta una elección perfecta para esbozar una sonrisa.

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