En estas fechas señaladas y mágicas para todos (parezco el Juan Carlos en su rollo discurso de Navidad), es menester buscar remedios que den al traste con el tedio y el amargamiento rutinario que hará presa de nosotros antes, durante, mediante y después de ese ejercicio tan divertido que es el del estudio.

Yo estaba trasteando por mi casa esta mañana (cómo no) y me he llevado una gratísima sorpresa cuando, en el mueble de las chucherías, he hallado semejante cargamento de chocolate (sin ánimo de hacer product placement en este blog):

Dicen que las mujeres lo usan para ahogar las penas (uy, que no me escuchen las feministas-marxistas de los estudios de Comunicación y Género…), que el chocolate es un buen remedio contra la depresión, que ayuda a sobrellevar el agobio… Yo, como la depresión más cercana que tengo es la del Guadalquivir, y las penas las ahogo en rebujo, que me refresca más, sólo echo mano del chocolate únicamente en momentos en que el tigre que me comí vivo (y por lo tanto habita en mi estómago) me pide pienso. Momentos que, por cierto, no son pocos.

Claro, que nadie vaya a pensar que a mí me gusta estudiar. No se confundan, señores: soy alérgico a los folios (y las fotocopias me producen sarpullido). Aunque mi caso no llega a tener que acudir al chocolate para sentirme mejor, porque menos mal que, en caso de aburrimiento extremo (es decir, a todas horas), tengo a un buen amigo mío alojado conmigo en el cuarto, y siempre dispuesto para entablar una amistosa y amena conversación con la mi persona:

Mucha suerte y muchos ánimos a todos aquellos que, como yo, van a ser chuscados tienen por delante el período examinatorio. Para ellos, un temita, especialmente dedicado a los que han de afrontar las pruebas de Teoría de la Publicidad y RRPP y Formas de la Comunicación Publicitaria, y en especial a Buentes y a Buk (y, qué coño, a mí mismo, que también me tengo que examinar de eso): Alegre como una mosca ante un pastel de bodas, del tito Manolo García.