Después de casi dos meses aciagos, plagados de derrota y mierda, en los que lo único bueno que me ha pasado ha sido que me den la beca con un mes de retraso; después de dos semanas de tensión, nervios, dormir poco y todos los efectos primarios que acompañan a los exámenes, y haber recibido cuatro notas pésimas (dos suspensos y dos cincos guarros en dos de las asignaturas más fáciles de la carrera), y con otras dos notas por conocer (una de ellas, un suspenso seguro); después de ver cómo este verano se presenta como una réplica empeorada de todos los veranos anteriores (es decir, aburrido, caluroso, cansino y poco prometedor); después de todo eso y mucho más, les diré yo a ustedes las ganas que tengo de salir hoy.

Pues sí, voy a salir. No sé con qué ánimo, con qué propósito, o con que miras (y lo más importante, no sé con qué dinero), pero la cuestión es esa: que hoy estoy citado con todos mis amigos y compañeros para pasar una larga noche, disfrutando únicamente de lo bueno de todo este curso, y desechar todos los malos recuerdos, porque no tiene sentido seguir pensando en ello. Hay que mirar para delante, y si el futuro que tenemos frente a nosotros es malo, no tenemos más que abrir el diafragma al f/1.8, y aumentar la distancia focal hasta los 4.000 mm (sí, ya sé que sólo hay hasta los 2.000, pero es una hipérbole). El que no entienda esto, le auguro un septiembrazo en Fotografía.

No sé de dónde estoy sacando las palabras para decir todo esto, pero lo que sí sé es que hoy es Viernes. Hoy es el día. No hay excusa para no disfrutar de la vida y aumentar una marcha más en la caja de cambios del placer y la felicidad, que no siempre vamos a estar en la R (según mi amiga María, R es “punto muerto”).

Los momentos van y vienen, las palabras se las lleva el viento, y en la memoria de los días quedan grabados a fuego todos esos recuerdos que traen a nuestra presencia lo que fue, lo que vino, lo que partió, y lo que aún está por llegar. En estos días, en que muchos unos y muchos otros se revientan mutuamente por conquistar nuestras almas con banalidades ignífugas a golpe de palabra, sólo nos queda una verdad, la que el tito Manolo nos legó un buen día, a fin de albergarla en nuestro corazón por siempre:

Hoy es Viernes, y los sueños brillan más.

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