Quizá el mundo no está hecho para los fuertes de espíritu. No se pueden conseguir cosas con nada más que con los deseos. Uno no gana guerras con sólo pensarlas. Uno no puede cambiar el rumbo de las cosas únicamente imaginando lo que sucederá mañana. Quizá el mundo no está hecho para los que piensan las cosas antes de hacerlas.

Y yo muchas veces quisiera dejarlo todo, enterrar los recuerdos en el arcón del olvido, marchar, marchar lejos, poner tierra de por medio, y permanecer solo en cualquier confín del mundo. O quizá coger a un puñado de ellos por el pescuezo, y rendir cuentas de una vez por todas. O quizá liarme a tortas con todos, en suicida empresa, y quedarme solo en este confín del mundo en el que me hallo. Son las cosas que tiene el ser forastero en una tierra sin ley.

Mas todo esto no siguen siendo más que deseos, conjeturas, voluntades. No sé cumplirán sino en el boceto de mi alma. A no ser que el boceto prospere. Y quizá, sí, quizá algún día lo haga.