Siempre he pensado que el Interludio OSR aparecido en Un tipo cualquiera, el último LP (2006) de Tote King, es, además de una divertídisima y deliciosa crítica a cargo del siempre grande David Bravo, un magnífico ejemplo a disposición de las facultades de comunicación, con el cual enseñar a sus alumnos todo este entresijo de mentiras, disfraces y eufemismos de los que se compone el mundo de los medios de comunicación.

Y eso los periodistas lo tenemos muy claro. Tan sólo hace falta ver esos maravillosos informativos de Antena 3, que más que informativos parecen shows de variedades. Te ponen dos kilos de sucesos, cuarto y mitad de catástrofes naturales, un puñado de crispación política (imprescindible en cualquier cadena), una cucharadita de curiosidades estúpidas (como la del tiburón de la playa de no sé dónde, que han estado tres días con la leche esa…), 100 gramos de desinformación sobre temas concretos (como videojuegos, música, libros…) y, para rematar, una pizca de forofismo merengue en los deportes. Todo ello aderezado con un inconfundible aroma a sensacionalismo.

El otro día, les dio por sacar uno de esos “reportajes” de los que suelen poner para mantener entretenidos a los aspirantes a borregos que piensan que con lo que dice Antena 3 (y la tontovisión en general) están informados. No se les ocurrió hablar de otra cosa que de “la crisis que está atravesando el sector del turismo este verano”. Con los bares hemos topao. Y ahora a darle protagonismo a los señoritos -según Antena 3- “empresarios del turismo”. ¿Cómo? Pues dejando que lloren un poquito.

Nuevas sartas de auténticas estupideces, relatadas de viva voz por los propios estúpidos que se quejan de ellas. Que si sale uno de un bar diciendo que los turistas gastan muy poco, que van a pasear y a la playa, pero luego no consumen, y que cuando lo hacen comparan varios precios y miran mucho por el dinero; que si sale uno que alquila apartamentos quejándose de que la gente aprovecha al máximo el sitio de un apartamento, metiendo a toda la gente que cabe; que si sale -atención, por favor- el encargado de una discoteca, criticando que la gente sólo va a bailar, y no consume, y que luego en la calle mucho botellón, bla bla bla…

Vamos a ver, señoritos que vivís a costa de los trabajadores. Por lo visto a ustedes no les llega la capacidad de procesamiento de datos como para comprender que si el turista cada año tiene menos dineros, porque los jefes pagan menos y menos, las cosas cuestan más y más, y encima ustedes suben las cosas -siguiendo la tendencia-, lo más normal es que la gente salga con bocadillos hechos de su casa, y no vaya a un bar a dejarse medio sueldo en un almuerzo para 6 personas, o quiera meter a padres, hijos, hermanos, sobrinos, nietos y toda la troupe en un piso que cuesta una riñonada.

Pero el gracioso de la discoteca es el que se merece mención especial. A ver, guapo. Antes de soltar tamaña pamplina, vas a hablar con tu jefe, y le dices que la gente no consume bebida, porque primero, antes de entrar, seguramente tendrán que pagar una entrada, y al llegar a la barra, les dirán que las copas cuestan 7 € la más barata. Creo que si piensas eso dos segunditos antes de abrir tu bocota para soltar la patada del siglo, entenderás que existe una solución gracias a la cual puede beber un grupo de personas por el mismo precio que tres cubatas en tu cutredisco, y esa solución se llama botellón.

Imbécil.

Y claro, pobrecitos ellos, que no ganan más dineros de los que ya ganan. Pero no hay que temer. Ahí está la maravillosa Antena 3 para soltar una ración de maquillaje y distorsión de la realidad. Los pobrecitos ven disminuidos sus ingentes ingresos cerca la quiebra por nuestra culpa, porque nosotros no nos endeudamos para darles dinero para un nuevo cochazo de comer. Y para ello recurren a un elemento mágico: el eufemismo.

Dado que este mundo está regido por las empresas, y dado que la figura del empresario está tan bien vista por toda la sociedad -sobre todo por un importante sector de los espectadores de Antena 3-, pues qué menos que englobar a todos estos personajillos bajo la denominación de “empresarios del turismo”. Qué bonito les ha quedado, sí señor. Se han superado. Así, los espectadores se verán obligados a gastar, a mantener a esta gente, porque ya se sabe, las empresas son el motor de nuestra economía, y si ellas van bien, la economía va bien, y bla bla bla…

Pero ustedes fijarse en el peculiar eufemismo, e imaginárse un diálogo como éste:

–  Oye, ¿y tú a qué te dedicas?
– Pues soy empresario del turismo.
– Ah, ¿sí? ¿Y de qué rama empresarial?
– Pues tengo un kiosko. ¿Y tú, cuál es tu oficio?
– Pues soy Ingeniero Técnico Espeleólogo por la Universidad de Camembert de Almensilla.
– ¿Y en qué profesión cristaliza eso?
– Pues verás, arreglo piedras de mechero…

Esta esperpéntica conversación me recuerda a aquella otra paquetilla personaja que decía ser empresaria, sólo porque su padre la tenía puesta de secretaria de su empresa de seguridad. Y resulta que la empresa de seguridad consistía en cuatro tíos (y un perro pulgoso) que se dedicaban a vigilar las obras, y lo único que hacía la secretaria era firmar las nóminas de los empleados, esto es, los talones, y lo hacía ella para que su señor padre pudiera evadir impuestos. En fin, una meteórica carrera en el mundo de los negocios.

Claro, que toda esta cantidad de jilipolleces sin nombre tiene su contrapunto en una magnífica noticia: el Ayuntamiento de Sevilla construirá un complejo empresarial de más de 300.000 metros cuadrados, cerca de Pino Montano, dedicado única y exclusivamente a las empresas de la comunicación y la información (esas sí que son empresas de verdad, con empresarios gordos y que abusan de sus trabajadores y los silencian a la fuerza y esas cosas…). Esperemos que todo salga muy bien, y por fin nuestra ciudad tenga un espacio con el que dar al Periodismo y la Comunicación el lugar que le corresponde.

Bueno, habiendo concluido todo lo que tenía que decir, procedo a retirarme a cenar en la mejor mesa de una empresa del turismo basada en la manufactura familiar, aunque de reconocido prestigio internaciona: el Restaurante Mikeli, que en dialecto siroco viene a significar Bar Micasa.

Hasta la próxima, arquitectos e ingenieros técnicos de la lectura y degustación bloguera!!!