Bueno, escribo esta entrada no porque realmente me apetezca escribir en el blog, ni nada, sino básicamente para aunar esfuerzos para los que suelen decir ese tipo de cosas que se suelen decir en estas dos semanas, del estilo de “feliz año”, “felices fiestas”, “feliz solsticio de invierno”, “feliz nosequé”, “feliz nosecuánto”… Felicidades, al fin y al cabo.

No, no se me asusten. No me voy a poner a contar el típico rollo antinavideño (entendiendo como navideño el imaginario de hoy en día, que todos sabemos cuál es y que no hace falta explicar), criticando el consumismo, la falsedad, y todas esas poyas. Eso ya está muy visto, y mis intenciones no van por ahí. Lo que pretendo es, sí, efectivamente, desear felicidades a todos en este fin de año.

Felicidades a todos los que van a salir por ahí, a todos los que se van a divertir esta noche, y también a aquellos que van a coger un ciego tal que mañana no se acordarán de lo que han hecho en toda la última semana. Aunque, al fin y al cabo, no sé por qué motivo los felicito.

Los que sí tienen un motivo para ser felicitados son las siguientes personas:

  • Los que esta noche van a pasarla trabajando, con o sin remuneración, porque harán algo de provecho por la humanidad. Y no, esto no incluye al Juan Carlos, por mucho que se haya ido a Afganistán a hacer propaganda de sí mismo.
  • Los que van a pasar esta noche cerca de los suyos, porque ello constituye un motivo de alegría inmensa, en cualquier momento del año y no sólo hoy.
  • Los que, al igual que servidor, o no tienen nada que celebrar, o no tienen ganas de hacerlo, o no van a hacer nada especial, o un cúmulo de las tres cosas. Felicidades a ellos, porque se habrán dado cuenta de que esta noche es igual que todas las demás, de que tras las doce de la noche, pasamos de un día normal y corriente a otro día cualquiera en el calendario, y de que eso del ‘Año nuevo, vida nueva’ es una de las mayores pamplinas salidas de boca humana -por múltiples y obvias razones que no detallaré-.

Bueno, y para celebrar el supuesto cambio, un poco de fuego, que no artificial, pero el que sea avispado ya sabrá por dónde van los escopetazos.

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Y ahora, mis valientes, sin más dilación, avancen firmes hasta la mesa y ataquen sin piedad a las gambas.