Por fin, por fin, por fin, después de años esperando, se ha cumplido uno de mis más longevos deseos: tener más sitio en mi cuarto para colocar libros, discos, ropa, zapatos y demás chismes variados, y así librar a la repisa y el armario (únicos muebles de este tipo que he tenido desde que me mudé a mi casa hace once años) del peso que tradicionalmente han soportado.

Esto lo he conseguido gracias a la adquisición de una estantería gorda y grande, otra estrechita (similar a otra que tengo desde hace un año) y una cómoda para la ropa. Claro, que estos muebles han aterrizado en mi cuarto tras una redistribución del mobiliario de mi cuarto para sacar mayor partido a todos los rincones.

Lo primero que hice fue a cambiar de sitio la cama y el escritorio. La cama pasó de estar junto a la ventana -pero separada de ella, de forma que ocupaba demasiado espacio inútilmente- a una de las esquinas opuestas, pegada a la pared, mientras que el escritorio pasó de la esquina donde ahora está la cama a estar justo debajo de la ventana, para aprovechar mejor la luz -esa luz que en mi cuarto es diferente a la del resto del planeta, y por eso he tenido que usar el horrible flash-. La cosa queda tal que así:

(Sí, la cama está revuelta, qué pasa)

El lugar del crucifijo (encima de la cama) es el que antes ocupaba la repisa, aunque ahora ésta se encuentra encima de la cómoda nueva, de seis cajones, los cuales ya están TODOS llenos de camisetas, pijamas y sudaderas que antes había en el armario (aún sigue habiendo un cajón de los del armario llenos de camisetas, y otro lleno de chalecos).

Encima de la cómoda irá un cristal, aunque no pondré nada permanente encima. Sólo cosas pasajeras, como el bolso, las llaves o cosas así. En la repisa -antes repleta de libros- tengo un montón de adornos y figuritas, desde peluches (los míticos Iu, perro Trisco y Trufo) hasta una botella de Cacique -sí, hijos, sí, procedente de una barrilada-, con to el careto del indio Ajú impreso en la etiqueta. Arriba del todo hay cinco huchas. Desgraciadamente, mi colección de camisetas no se corresponde con mi colección de billetes de 50 euros (aunque algunas veces consigo reunir más de uno).

Por otra parte, la estantería estrechita que tenía en la esquina donde ahora está la cómoda (a la derecha de la ventana) queda ahora en la misma esquina, pero al otro lado de la ventana. A la izqueirda de esta estantería está la nueva, de dimensiones casi idénticas, y más a la izquierda se ubica un mueble más grande, con dos puertas en la parte inferior.

Como véis, las estanterías pequeñas ya están hasta la bola de toda clase de libros, apuntes, carpetas, archivadores, diccionarios, periódicos, revistas, tomos de enciclopedias, discos, cintas… Todos ordenados según su tipología, su temática y su importancia/calidad, claro está.

El mueble grande, por su parte, aún está vacío, aunque las puertas de la parte inferior ya albergan su buen lote de cajas. Debajo, los zapatos, y encima, otro sinfín de cajas de componentes de ordenadores y diversos aparatos electrónicos (móviles, reproductores de música, videoconsolas, GPS que no uso…). Ahora mismo está todo en condiciones, pero supongo que con el paso del tiempo tendré que ponerme a jugar al Tetris.

Bueno, pues hasta aquí llega la visita guiada por mi cuarto, la cual, evidentemente, es de un grandísimo interés cultural. Sin embargo, como sé lo que estáis pensando, os contestaré en pocas palabras:

Sí, esta entrada es una tontería, pero la cuelgo porque me hace ilusión y porque me sale de los huevos.

Y para concluir, ya que estamos de estrenos, os comunico que Borja de Diego, el Poeta en Resistance, ha dejado de lado aquel cuchitril inmundo -no por el contenido, sino por el continente- que tenía en Miarroba/Blogcindario y por fin se ha decidido a montarse un blog en condiciones en WordPress. He aquí la nueva dirección de la Bitácora en llamas:

http://bitacoraenllamas.wordpress.com/

Pues eso. En el próximo capítulo os enseño el salón. Un besito a todos y a seguir aburriéndose, como es costumbre verano tras verano.