He aquí lo nuevo, con la corrección de Pablo Buentes. Si quieren leer la versión sin corregir, pueden bajársela picando aquí. Tírenlo abajo. Será fácil y divertido.

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Es monótono el aire de solano
que sopla con pereza por los patios
meciendo las cortinas y los toldos.
Es triste el saxofón de la chicharra,
su blues entre terruños cenicientos
curtidos bajo el sol de la Campiña.
Son largas las callejas de adoquines,
sin un alma que acuda a la llamada
del doblar de campanas en la torre.
Son tardes lentas, de calor y hastío,
de polvaredas y de acequias secas,
de huidizos gorriones que no pican
migajas del pan duro de los perros.
Momentos en que añoro la caricia
del viento silencioso de noviembre,
el disfraz de verdina en las techumbres,
los viejos de sombrero y gabardina
removiendo hojarasca con su paso.
Aquellas largas horas de llovizna,
de incesante repique en los cristales,
de libro y de café, de pan y cueva,
de lumbres avivadas con las ramas
retorcidas de olivos centenarios.

A veces vienen nubes por la sierra,
al sur, sobre Morón, y el aire arrastra
el eco sordo del lejano trueno.
Los niños corretean por los charcos,
y pasean los novios por el parque.
Muchos tiestos con tallos agostados
se apilan en la calle, implorando
lluvia fresca debajo de los caños.
La tierra yerma bebe hasta saciarse,
se asienta el polvo viejo en los eriales.
Las nubes siguen su camino errante,
y el sol se va ocultando en la distancia.
Santa Bárbara Bendita, Clavo,
Corona y Cruz. Las viejas se santiguan.
Se rasga el cielo y lloran los arcángeles.

29-VIII-08