A petición de mi compañero y amigo Jake Soulinake, he hecho un collage casero en el que se observa con más o menos claridad (lo siento, es lo que tienen las fotos hechas con el móvil) la transición entre la mañana de ayer, cuando poseía siete kilos de pelo y otros tres de barbas, y la de hoy, una vez que el barbero se ha ganado el sueldo bien ganado.

Así que aquí tienen el antes y el después -cual anuncio de Just For Men- de mi careto facial (las dos imágenes más ridículas desde aquella en la que salgo sobando en lo alto de un servilletero). Como ven, da igual el volumen capilar: sigo siendo igual de feo. Pero ello no quiere decir, naturalmente, que ustedes tengan derecho a reírse.

(para observar con más detalle, clic en la imagen)