Así que después de los exámenes, y hasta el comienzo de las clases, aún queda una semana muy propicia para vaguear sin límites. Me encanta pensar que durante estos días ciertas personas madrugarán para ir a clase o a currar (vaya par Dieu, animalitos…), mientras yo dormitaré hasta las 12 del mediodía, y luego emplearé el resto de la jornada realizando tareas de magnánima importancia, tales como rascarme los huevos a dos manos (y a distancia, que para eso me dejé las uñas largas) o montar con Spider-Panchus un concurso de ronquidos.

Por supuesto, la lectura se encuentra entre estos asuntos que requieren atención urgente. La falta total de tiempo para coger un libro (que no fuera el de nuestro amigo Albert Chillón, claro) durante el último año, unida a mi velocidad de lectura y mi capacidad de comprensión lectora (más deprimentes que los índices del informe PISA para Andalucía) y a las constantes recomendaciones de varios amigos que han leído cien mil veces más y mejor que yo, dan como resultado una interminable lista de lecturas pendientes que tienen ustedes a su disposición al final de ese apartado en el que doy un montón de información de interés nulo y de utilidad aún menor hablo de mí.

Los libros se apilan en el escritorio y mi interés por ellos aumenta a medida que repaso los títulos impresos en sus lomos. Por eso, mejor será empezar poco a poco. De inicio, un entremés sencillo, ligero y entretenido: Rebelión en la granja. De seguido, nada mejor que un breve aliñito austeriano, con Fantasmas, el segundo de la Trilogía de Nueva York. A continuación vendrá el primero, donde descubriremos a G.K. Chesterton y a El hombre que fue jueves. El segundo subirá el nivel de la mano de Tolkien y uno de sus must (¿hay algo de este hombre que no lo sea?): El Silmarillion. El postre que nos servirá Alicia en el País de las Maravillas nos dejará un regusto dulce que no desaparecerá cuando, por último, retornemos a la Tierra Media y a las viejas andanzas, con la auténtica obra de café, copa y puro: El Señor de los Anillos.

Y de fondo, para amenizar esta excelente selección y encender el espíritu ahora que ya se acerca lo duro, la maravillosa canción hobbit que entona Bilbo Bolsón al salir de la Comarca, rumbo a Rivendel.

El Camino sigue y sigue
desde la puerta.
El Camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo
recorriéndolo con pie decidido
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.