Hoy, antes de acostarme, y para los cabrones suertudos que mañana aún no tengan que ir a clase o a trabajar (hay que trabajar, señores, que hay que levantar el país, que lo dice Solbes), les dejo una serie de enlaces muy interesantes que los mantendrán entretenidos durante toda la jornada del lunes (porque estoy seguro de que pocos de ustedes se pondrán a leerlos ahora).

El primero de ellos es un reportaje de mi gran amiga Ana Jurado en el diario Público, en el que habla de la nueva Alameda -resultado de la reurbanización/peatonalización llevada a cabo hace un año- y de los intentos del Ayuntamiento por convertir la zona más viva de Sevilla en un espacio triste, diáfano y muerto, mediante la Ley Antibotellón y la presión policial sobre los bares y las personas que la ocupan en horas nocturnas. Léanlo aquí.

De segundo les traigo dos de los nuevos poemas de David Eloy Rodríguez (aquí y aquí), publicados en su nuevo libro llamado Los huídos (Ed. 4 de Agosto), de cuya existencia -y contenido- estoy al tanto gracias a Borja de Diego.

También he encontrado, por casualidad, un artículo que Arcadi Espada publicó el pasado mes de abril en su blog El Mundo por Dentro. En él habla de un fragmento -publicado en El Mundo- de una de las novelas de Carlos Ruiz Zafón, y pone los puntos sobre las íes respecto a la calidad de las obras que se venden como churros. Un gran artículo, breve y directo, perfecto para reflexionar sobre si lo que leemos merece la pena o no.

Y para terminar, antes de acostarme, les invito a todos ustedes a que le echen un ojo (o dos, o incluso tres, en el caso de que ustedes tengan abierto el ojo ciego) al número de septiembre de la Revista Mercurio, que viene cargadito de entrevistas y artículos interesantísimos sobre un género tan prolijo y sabroso como el ensayo. Pueden ustedes hacerse con esta revista -de forma gratuita- en la Casa del Libro de la calle Tetuán o bien bajándosela en PDF desde este enlace.

Y ahora me voy a la cama, que a partir de mañana volvemos a la rutina de levantarnos a las seis de la mañana, a las clases insufribles con los ojos pegaítos de sueño, y a las vueltas a casa a las tantas de la tarde, roncando en el bus. Que a ustedes les vaya bien. Yo ya les iré contando. Sahha!!!