Cuando en 1964 Nikita Jruschev fue obligado por el PCUS a cesar de sus cargos como secretario general del partido y presidente del Consejo de Ministro de la URSS, el -hasta entonces- líder de la Unión entregó dos sobres a Leonida Brezhnev, su sucesor en la secretaría general del PCUS. En uno de los sobres había escritas unas palabras: “Ábralo cuando tenga el primer problema grave al frente del partido”. También el segundo portaba una leyenda: “Ábralo cuando tenga el segundo problema grave”.

El nuevo dirigente acató las indicaciones de Jruschev, de modo que, en cuanto se vio por primera vez con el agua al cuello, abrió el primero de los sobres. En él había una carta que decía: “Écheme la culpa de todo”. Así lo hizo Brezhnev, y por esa vez consiguió salvar el pellejo.

Pero pasó el tiempo, y las dificultades volvieron a acechar al secretario general del PCUS. Éste se acordó del segundo de los sobres que le había concedido su predecesor, y corrió a buscarlo. Dentro había otra carta. Su mensaje era igual de conciso que el anterior, aunque sin duda no tan esperanzador: “Vaya escribiendo otras dos cartas”.