Capítulo Dos – El rey Baltasar

El rey negro, como todos lo conocíamos (y ahora espero que la ministra Aído y otros colectivos de estúpidos no monten una cruzada en mi contra a causa de esto), se dedicó durante años a la especulación, siguiendo la tradición de la familia. Sus ancestros ya consiguieron sacarle un buen pastón a Keops, cuando le vendieron a precio de oro (¿expresión redudante?) unos terrenos desérticos carentes de valor alguno y que previamente habían adquirido por cuatro perras dracmas. El faraón, emperrado en poner allí su pirámide, tuvo que apoquinar. Fue el primer precedente conocido de recalificación urbanística.

Siglos más tarde, Baltasar reeditó esta estafa al timar a los romanos, a quienes vendió por una millonada el solar donde más tarde se asentó el Coliseo. Sin que se dieran cuenta, Baltasar les hizo firmar un contrato en el que se incluía una cláusula que obligaba a los nuevos dueños del terreno, durante los siguientes cuatro milenios, a indemnizar con un millón de sestercios anual a Bere-Bere-Chos y Asociados, la empresa-tapadera con la que Baltasar blanqueaba su fortuna (aunque esto era innecesario, ya que, en su caso, el dinero negro constituía una increíble paradoja).

El gran pelotazo lo pegó en la Atlántida. Montó una macrourbanización de lujo, con hoteles, piscinas, parques temáticos y muchos etcéteras. Para ahorrar costes, Baltasar decidió prescindir de la red de alcantarillado, alegando que “eso son mariconadas pijerías propias de los romanos”. Un día, cayó una tromba gorda de agua y la isla se fue a tomar porculo a dormir con los pescaos. La noticia corrió como la pólvora los polvitos que usaban los chinos pa hacer kapum, y llegó a oídos de los romanos. Éstos estaban con el mosqueo por lo del Coliseo, y decidieron hacerle más pupita a Baltasar, de modo que el Ministerius Domi Villarumque (su Ministerio de Vivienda, medianamente útil y eficaz, no como el nuestro, que no vale para nada) le metió un buen puraco por incumplir la Ley de Especulación Inmobiliaria.

Los científicos que se afanan en buscar la Atlántida en realidad están pagados por importantes constructoras como ABS, CFC, FerroGrial, Drogados y otras, porque necesitan un buen terreno para especular subsanar el gran déficit de bienes inmuebles que padece la sociedad española, en una acción con clara vocación de servicio social.

Después de aquello, la estirpe de Baltasar cayó en desgracia, y sobrevivió gracias al tributo anual del Coliseo. Hasta que a princpios del siglo XX, uno de sus descendientes, que estaba picando con la sombrilla en la arena de la playa, descubrió oro negro (no me refiero al oro que conseguía Baltasar con sus especulaciones, sino al petróleo). Gracias a ello, este personaje se compró el Emirato de Dubai, se convirtió en su Sultán y hoy se divierte recordando a sus antepasados especuladores y construyendo islas artificiales en el mar.