Un nuevo atentado contra la literatura y el buen gusto, en homenaje al gran Bukowski por su increíble odisea camino de mi casa.

Maldito ese momento en que cogí
la carretera, rumbo hacia esa aldea
de glorietas con burras como adorno.
Malditas esas garzas y cigüeñas
que bien se divertían con mis idas
y retornos, haciendo la pirula
en aquellas veredas de gravilla,
del Finis Terrae a unos pocos pasos.
Maldito aquel cartel que no existía,
maldito el Mercadona que no estaba
indicado en el mapa que me dieron
cual guía para ir hasta Almensilla.
Malditos Gelves, Coria y otros pueblos
que crucé en mi camino hacia la nada.
Malditos los chiquillos que jugaban
dando voces, corriendo entre las sillas
de aquella sucia tasca de abueletes.
Pasarme la rotonda, qué fastidio.

29-XII-08