Al abuelo

Hay algo legendario en las paredes
encaladas, un eco de otros tiempos
que pervive en macetas de cerámica,
un aura luminosa que acaricia
las hojas del anciano limonero.
Me acuerdo de las tardes de verano,
el llamador tocando aquella puerta
carcomida y raída por los años,
la escalera y sus pasos encorvados,
los cuartos con olor a polvo antiguo,
y tu vieja figura en la cocina,
silente, triste y corva, despojada
de todo cuanto vale en esta vida.
Parece que fue ayer cuando te fuiste
y me dejaste solo, en esta casa
vieja, de techo apolillado y tejas
cubiertas de verdina y jaramagos.
Aquí me quedo, en esta tarde fresca,
cuando el sol se cobija tras las tapias.
Parece que fue ayer, y aún te veo
sentado en el aljibe, junto al pozo,
en este patio angosto y silencioso.
Pero sé que te fuiste, y me resigno
a no poder correr a darte un beso.

21-II-2009