Encontré aquella vieja cantimplora
escondida en el fondo de un armario,
aún con su redonda pegatina
con dibujos que el tiempo ya borró.
Estaba polvorienta, como entonces,
como en las excursiones del colegio
por el campo, cargados con hatillos
repletos de comida que almorzábamos
al sol, entre los pinos.
Volví a buscarla ayer, con el deseo
de correr por los campos de la escuela,
de tocar ese polvo de la infancia
y ver si descifraba los dibujos
de aquella pegatina desgastada.
Pero no la encontré. La habían tirado
junto a muchos enseres inservibles.
Mi vieja y polvorienta cantimplora
ya está en ese lugar adonde el polvo
acude al polvo en busca de reposo.
Y yo que no seré más ese niño
que iba de excursión entre los pinos.

8-XI-09