Soy de las personas que, como Enrique, piensan que la vida no cambia mágicamente de un día para otro, sólo por cambiar de un año a otro, sino que mañana, uno de enero, todo seguirá igual.

De todos modos, como suele decirse, la intención es lo que cuenta, y precisamente esos buenos propósitos que nos hacemos al “principio” de cada año son las cosas a las que deberíamos dar importancia, y no a un simple cambio de dígito. Que esas buenas intenciones que nos marcamos -y que rara vez cumplimos, o no- sean las que nos guíen en el camino, día tras día, pasito a pasito.

Ahora que este 2009 “acaba”, ahora que todos dicen que si ha sido un annus horribilis, yo parto una lanza en su honor y defensa, porque para mí también ha sido duro en muchos aspectos, incluso insulso, por causas de la vida y por culpa de algunas malas personas.

Pero me quedo con aquello que me hizo feliz, que fue mucho; con aquello que hizo que me diviertiera, que fue más aún; con los que estuvieron a mi lado en lo bueno y en lo malo, que fuísteis los justos y necesarios, pocos pero valientes y siempre fieles; y con aquello que aprendí, que ha sido inmenso, gracias a lo que todos, día tras día y nunca de repente, me habéis enseñado y habéis compartido conmigo.

Por ello, os deseo un feliz 2010 en el que nada de esto que hemos vivido en 2009 se olvide, sino que a las cosas buenas que nos llevamos de este año -estoy seguro de que serán muchas- las acompañen todavía más en el nuevo año. Un beso a todos, y disfrutad de la vida.

Y ahora me marcho corriendo a Santa Olalla del Cala, en la Sierra de Huelva, a pasar cuatro días de calma y festejo con algunos amigos. Nos leemos dentro de varios días. ¡Hasta entonces!