En estas tardes lentas del invierno
añoro de repente el mes de Mayo,
los paseos sin prisas por las calles
del centro, el azahar en los naranjos,
y en las esquinas un perfume eterno
de incienso bajo un palio en Lunes Santo.
En medio de esta tarde silenciosa,
arrimado al brasero en la penumbra,
me pierdo en el recuerdo de las siestas,
las lecturas de sábado en el patio,
el cielo siempre claro, los lagartos
buscando ya la sombra entre las parras,
el canto de algún mirlo en el crepúsculo,
la cena en un balcón, con los amigos.
Me consuela saber que ya es febrero,
que es tarde para el frío, que las sombras
ya están en retirada, y cada día
proclamo con certeza renovada
el título del libro de Mesanza:
yo soy en Mayo, y es conmigo el mundo.

1-II-2010