Un incesante bullicio de viajeros
que salen de un andén de la estación,
que bajan la escalera, caminando
delante de los bancos. Unos jóvenes
novios celebran su feliz reencuentro.
Los pasos se entrelazan en un baile
con música de claxon y de móviles,
acolchada por el murmullo ronco
de un gran babel de lenguas inconexas.
Hay gente que camina sin destino,
sin rumbo, lentamente. En el semáforo
un corro de chavales aguardando
a otros dos que ya vienen a lo lejos.
Detrás van tres muchachos elegantes,
trajeados con el color oscuro
del incienso, el pelo engominado,
camino de un quinario en algún templo.
El tranvía ya anuncia un viaje nuevo.
Repica la campana. ¡Pasajeros al tren!
El mundo sigue el curso de los días
en este ocaso frío y bullicioso.

20-II-10