Van y vienen. Se esfuman como el humo
de un cigarro en mitad de la tormenta.
Transcurren como el viento del invierno
que arrastra silencioso la hojarasca
y es invisible hasta que lo añoramos.
Van y vienen, pasean por la vida
y a veces nos perdemos en su gloria,
en su canto engañoso de sirena.
Corremos tras de ellos, malgastamos
los años, y el final es un lamento
de pie frente a la muerte, con arena
en las manos y arrugas en el rostro.
No queda nada más tras el camino,
acaso los recuerdos polvorientos
y el agrio desencanto de la pérdida.
Como vienen se van, se desvanecen
los sueños, el amor, la propia vida.

25-II-10