El silencio y el sol de media tarde,
el alma envuelta en terciopelo púrpura,
rodeada de incienso y de claveles.
Las marchas y el olor del azahar
y el recuerdo de tardes ya lejanas,
de madrugadas muertas en el tiempo.
El camino hasta el pueblo por el puente
que pasa sobre el puerto, hasta las cruces
que esperan apoyadas en una sacristía.
La nostalgia y la pena, en lo más hondo
del alma, siempre dentro, como la penitencia.

1-IV-10