Hay ciudades lejanas, bulliciosas,
de largas avenidas y rascacielos altos
en cuyos ventanales contemplaste
el mundo dando a luz sus maravillas.
Aquello que llevabas lo dejaste en las calles,
en bares, en las camas de pensiones de barrio.
Perdido en las ciudades, como un niño,
escuchando la música que hay entre el bullicio,
la tenue voz de alguien que te llama y te busca
para hablarte al oído y darte un beso.
Retornas con un llanto sereno porque sabes
que alguien, una vez, te amó por un momento
en ciudades que brillan por las noches,
ciudades de neón donde ya siempre vives.

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