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Hoy es lunes, pero un lunes sin prisa. Sevilla ha amanecido con parsimonia, entre el canto de los vencejos que bien parecían imitar las bocinas de la noche anterior. Hasta la calor ha dormido más de la cuenta y ha concedido a los sevillanos una pequeña tregua matutina en este lunes de fiesta improvisada.

Hoy Sevilla no parece Sevilla. El bullicio de la madrugada ha dejado una ciudad lenta, serena, como de costumbre, pero sin bullicio, con una brisa fresca y un sol de brillo extraño, acaso más dorado que otros días.

En el Duque, Velázquez y algunos jubilados disfrutan la mañana brillante de triunfo. Algunos callejean sin rumbo y sin apremio, y en la estación de metro surge un hilo continuo de personas que caminan sin pausas hacia el tajo.

Los valientes que velan sin descanso la ciudad, que aguardan con paciencia otra noche de jolgorio -de tantas como habrá- tras la victoria que mece en dulces sueños a Sevilla, bañada en rojo y gualda, en gloria y alegría.

[Artículo original publicado en El Correo de Andalucía]