Ayer, en el diario, me mandaron a cubrir la inauguración del alumbrado navideño de Sevilla. Me dijeron que al final también iba a salir en el papel, así que me tomé la licencia de escribir un poema en prosa que, luego, como ya imaginaba, me mutilaron (ya saben, la información, esa locura de números y datos, es lo que manda). Por suerte, ya he aprendido de otras veces y lo salvé antes. Con unas leves correcciones, aquí lo tenéis. Es poco más que una fotografía en verso de ésas a las que soy aficionado, pero espero que os guste.

LUCES DE NAVIDAD

Hay bullicio de gente en las calles del Centro
nubladas por el humo de un puesto de castañas.
Y hay músicos que animan con su jazz
el carrusel continuo de familias con niños
que salen de las tiendas y abarrotan la vía.
Aún no ha oscurecido pero el cielo
ya está vistiendo el traje del ocaso.
Un tumulto de niños ha asaltado la Plaza
Nueva. El rey San Fernando mira atento
sus idas y venidas, cómo corren
y dan saltos y llaman con gritos a sus madres.
De pronto se reúnen frente al Ayuntamiento
las madres con los niños. Todos esperan quietos
a que alguien apriete el botón blanco
que han puesto frente a ellos, sobre una mesa roja.
Algunos aún no saben qué rara maravilla
saldrá de ese artilugio que, dicen, hace magia.
Ya viene un concejal con aura de rey mago,
seguido de una niña y su inmensa sonrisa.
Se acercan a la mesa, y el concejal le dice:
“¡Adelante, pequeña, aprieta este botón!”.
Y entonces… ¡chas! La magia hace la luz
que trepa a las farolas y a los árboles
y a las ventanas del Ayuntamiento
y vuelve azul la Plaza y brilla San Fernando.
De nuevo corretean los niños tras las luces,
y van gritando: “¡Mami, mira, son de colores!”.
Sigue bulliendo el Centro con gente que pasea
y surca el aire el humo de castañas,
la música de un saxo, burbujas de jabón,
las voces de los niños, el duende navideño.

3-XII-10

Y si os apetece, os dejo de bonus track el vídeo que hice para El Correo (con música lolailo lailo, según uno de los comentaristas).