Este año, en vez de escribir el típico post de Nochevieja, escribo el no sé si muy o menos típico post del día de Año Nuevo. Sí, voy tarde, porque me gusta mantener las buenas costumbres.

Ya que me salto la pequeña tradición de los tres últimos años, quiero aprovechar para hacer algo diferente y no felicitaros a vosotros, sino felicitarme a mí mismo, y para eso voy a dar las gracias a todos los que me han regalado algo este año.

Gracias a Paco Torres y todos los compañeros de El Correo de Andalucía, por todo lo mucho que me han enseñado como periodista y como persona, entre ello el complicado e inusual arte de tener una paciencia infinita.

Gracias a mi querido Gregorio también por lo anterior, pero elevado a la enésima potencia de todos los días, y por ser mi segundo padre. Y gracias a Juan Antonio por los buenos momentos de aventuras periodísticas, que no serán los únicos.

Gracias a María José, Judith y Cristina por demostrarme que hasta en los peores lugares hay gente buena que mitiga el castigo diario de tener que entrar en tales sitios.

Gracias a Boris, Pablo y Charlie, por ser tres espejos periodísticos en los que me miro cada día y por ser más exquisitos como amigos que como anfitriones, lo cual ya es en extremo difícil.

Gracias a María por las conversaciones de una hora y todo lo bueno que traen, y por la confianza que me da y me deja darle.

Gracias a Anarina, por darme la certeza de que también las personas a las que no se conoce de nada hacen cosas increíbles por uno (y gracias por haberlas hecho).

Gracias a Lien, Kopi, Eraser Rocío y Analía por haberme dado la alegría de haberlos sacado de sus avatares en mi timeline del twitter. También a Javi, por lo mismo y por haberme cedido uno de los mayores testigos de mi vida.

Gracias a Jesús, mi tocayo favorito, por los conciertos, las pelis en su casa y los consejos literarios. Gracias a Rocío, Enrique y toda la gente de Númenor por el rito mágico de los recitales y la prórroga en los bares. Y gracias a José Julio por iluminarme y enaltecerme la vena periodística.

Y, por supuesto, muchas gracias a Pablo, Juanjo, Roci, Ismael, Juan y Lola por ser la luz en las tinieblas y ser el ejemplo hecho carne de qué es un amigo verdadero.

Gracias también a todas las demás personas que a menudo comparto muchas horas y no tengo el espacio ni la memoria para nombrar, y también, cómo no, a todos los que leéis este blog. Gracias a Dios por todos ellos, por la familia que me ha dado y por las de mis amigos, que son también las mías. Gracias por todas las alegrías y regalos del año ya cerrado y por todas las que tienen que venir.

A todos vosotros, besos y abrazos. Que tengáis un feliz año 2011.

Música: Miguel Migs – The one.