Tercera entrega del reportaje sobre las Marismas del Guadalquivir.

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El camino prosigue desde los pagos de Peroles, poco antes de llegar a la casa de bombas, a unos 10 kilómetros de la Venta del Cruce y a unos 4,5 del poblado de Isla Mayor, según indica un cartel junto a una bifurcación del sendero.

Tomamos rumbo hacia el oeste, nos adentramos más y más en la zona de humedales y dejamos atrás la mayoría de los cercados de reses bravas, aunque se pueden encontrar casi por todo el territorio de la marisma. A partir de aquí, la vegetación se va  haciendo más tupida y las zonas encharcadas más abundantes, aunque persisten las parcelas de regadío y las que no cuentan con tanta flora. En las vetas pueden verse algunos rebaños de ovejas. Llevan lazos rojos en el cuello para protegerse de los zorros, que abundan por esos pagos. Las borregas invaden el camino. Se ve que están acostumbradas a ello y que no les importa demasiado la presencia de los viajeros.

El agua gana terreno a cada paso que avanzamos. Pronto llegamos a un puente que cruza sobre un arroyo. Al otro lado, el riachuelo desemboca en una gran laguna, bastante más pequeña que la que hay 500 metros más adelante. Aunque todavía surge vegetación de entre las aguas y se ven espacios dedicados a la siembra del arroz -por tanto, secos-, una parte importante de la gran cuadrícula que conforman los pagos y los caminos en la marisma se encuentra anegada como resultado de las fuertes lluvias del invierno. Las inmensas lagunas y los arroyos que se ensanchan, se bifurcan y abarcan y rodean los arrozales secos vuelven más intenso el contraste entre el agua y la tierra cenicienta.

La vegetación que desaparece deja paso a una fauna más numerosa. No sólo hay garzas, sino que, sobre todo, están presentes las aves acuáticas, como patos y fochas cornudas, e incluso algún flamenco. Estamos cerca del límite con el Parque Nacional de Doñana y la población avícola se multiplica. Precisamente enclavado en el límite del Parque, como una especie de puerta para el viajero, se encuentra el Centro de Visitantes José Antonio Valverde, el principal de varios centros de observación y avistamiento de aves que la Junta de Andalucía mantiene en diversas zonas del parque, desde esta misma marisma hasta las dunas o los pinares.

El observatorio, dedicado a la recepción de visitantes tanto individuales como en grupos, tiene la misión de proporcionar una oportunidad de avistar a las aves y proporcionar información de diverso tipo sobre el entorno, su historia y la fauna y flora locales. La importancia del Centro José Antonio Valverde radica en su situación estratégica, junto al Lucio de las Gangas, una gran laguna natural que una ingente aglomeración de aves de distintas especies -garza blanca, garcilla negra, focha cornuda, flamencos, etc.- usa como lugar de descanso y alimentación en su paso entre Europa y África.

(clic en la imagen para ampliar ma non troppo)